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Lunes 22 de abril de 2024
Insólito, pero ejemplar reconocimiento

Actualizado: 2023-10-09

Insólito, pero ejemplar reconocimiento


Por: Efraín Quiñonez León
9 de octubre de 2023


Son tan escasas las buenas noticias que a menudo dejamos de ver las que tienen una gran relevancia. Para encontrar eso en un mundo saturado de información irrelevante y, peor aún, frecuentemente falsa, hay que invertir mucho tiempo como para encontrar algo importante cuando el ciberespacio se encuentra plagado de banalidad, estulticia, información negra, francamente mentiras o cuentos chinos.
Como soy de los optimistas, creo que todos los días existen noticias buenas, pero quienes gobiernan la producción de información creen -a lo mejor con altas dosis de certeza- que estamos más deseosos del morbo que nos producen las masacres, los asesinados, las guerras, el exterminio calculado, los distintos
éxodos internos y externos; que de información útil para tomar mejores decisiones o acaso para divertirnos.


Cuando a las mujeres se les invoca como la fuente de todos nuestros males o, como frecuentemente se esgrime, por lo complejo de sus razonamientos, deberíamos entonces aceptar que, por una parte, la incapacidad o limitaciones son de aquellos que se amilanan frente a los retos que significa la comprensión de su proceder cotidiano y, por otra, el señalamiento de la supuesta malignidad coloca a sus portavoces en la impostura de una superioridad moral insostenible.


Deseosos de fantásticos relatos para coronar nuestras inclinaciones hacia el éxito a toda costa, por la heroicidad de nuestras gestas cotidianas o la búsqueda incesante de gloria, nuestros mitos acerca de la feminidad o las condiciones de la mujer, su sensibilidad, inteligencia (delicadas o sofisticadas), sucumben frente a la perversidad que solemos achacarles. Peor aún si se trata de mujeres que pretenden hacer evidentes su libertad de pensamiento y acción. Si acaso descubrimos las propiedades de alguna planta, inventar algún tipo de brebaje especialmente dirigido para el sector femenil de nuestra especie hará que confiese sus pasiones más ocultas y pecaminosas. De hecho, tan sólo adscribirles este tipo de impulsos inconfesables las convierte en seres cuya malignidad puede afectar el poder del macho alfa lomo plateado.


Hace no mucho leía que, en la edad media, se llegó a considerar que la magnetita tenía no solamente propiedades para orientarnos en un mundo en que podíamos extraviarnos entre lugares inhóspitos, desconocidos y distantes, sino que podía aliviar nuestros dolores físicos y morales. Aprovechando el viaje, se atribuyó al mineral una propiedad que ahora nos resultaría algo desconcertante. En aquella
época se creía que poner una porción debajo de una almohada haría confesar las infidelidades de la mujer adúltera mientras dormía. El mineral era considerado tan poderoso que, también, se le reconocían propiedades anticonceptivas. Otros mitos se fueron construyendo alrededor del mineral casi siempre con el propósito de “aliviar los dolores del alma”.


Frente a este escenario social y cultural que no tiene frontera en cuanto a la evidente desigualdad existente, es una muy buena noticia que se le haya otorgado el premio novel de economía a la profesora, Claudia Goldin, de la Universidad de Harvard en los Estados Unidos. Y, sin embargo, una muy ligera búsqueda en la red de redes nos ofrece el siguiente ominoso resultado.


En poco más de 100 años en que se ofrecen semejantes reconocimientos a las distinguidas labores en los campos de la ciencia, las humanidades y las contribuciones a la paz mundial, la academia sueca que los otorga ha distinguido en casi 95% a hombres. Aunque difícilmente puede cuestionarse la calidad
académica de muchos de los premiados, lo que llama poderosamente la atención es la disparidad de género, quizás lógica al principio de los tiempos en que se inició el otorgamiento de semejantes estímulos, pero que hace evidentes las sempiternas desigualdades existentes a escala global. Todavía a principios del siglo XX las mujeres no solamente tenían prácticamente canceladas las oportunidades educativas sino que, además, tenían que afrontar el dilema de cultivarse o ser madres. De ello se ha ocupado la hoy galardonada.


La profesora Goldin no debe ser reconocida simplemente porque resulta una suerte de estandarte frente a las desigualdades existentes en el mundo que pasan justamente por discriminaciones de género. Es decir, no solamente es importante que se le conceda semejante premio a una mujer que, en el campo de la Economía, apenas resulta la tercera en recibirlo.


La trascendencia de esta noticia, adicionalmente, tiene que ver con los estudios que ella ha emprendido durante mucho tiempo atrás y que hacen evidentes sus principales preocupaciones y desafíos académicos: encarar el reto que significa la desigualdad de género en el campo laboral. En ello estriban sus principales contribuciones académicas abocadas al estudio de las condiciones que a menudo producen las discriminaciones entre hombres y mujeres en las distintas esferas del trabajo.


Aunque la desigualdad es global, es decir, no tiene fronteras, lo cierto es que en países como México las cosas se vuelven más críticas. En 2016 un estudio del IMCO (Instituto Mexicano para la Competitividad) demostró con datos que, en la Administración Pública Federal, la mayoría de las mujeres tienen grados
académicos más altos en promedio que los hombres, pero a pesar de ello casi siempre ocupan los cargos de menor relevancia. Peor todavía, pese a estar más capacidades reciben menos salarios que los hombres estando en cargos o desempeñando funciones similares.


Una última buena noticia es que, como consecuencia de este muy merecido premio, pronto tendremos sus libros disponibles en español y lo mejor para honrar sus esfuerzos, será leerla con ojos críticos para aprovechar al máximo sus aportaciones. Una genuina revolución se está gestando en el ámbito del trabajo.


Para bien y para mal, de los vertiginosos cambios tecnológicos que se despliegan en la vida ultramoderna una economía colaborativa apenas asoma en el horizonte. Mientras tanto, es bueno saber que aun tenemos mucho por hacer para cerrar las brechas frente a desigualdades lamentables.

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