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Miércoles 02 de abril de 2025
Acotaciones y reintegros

Actualizado: 2025-03-16

Acotaciones y reintegros


Por: Efraín Quiñonez León


15/03/25


Tiro Libre


Con la colaboración de Kathrin Dawidzinski


En mi colaboración de la semana pasada, algunos de mis amables lectores me hicieron comentarios que desde luego no solamente agradezco sino que, también, me permito hacer algunas acotaciones y ampliaciones a los razonamientos compartidos.


Uno de estos comentarios resulta un reconocimiento a lo que ha alcanzado nuestro país en términos de la representación de las mujeres en el Congreso. En efecto, México se encuentra a la vanguardia al menos a nivel del Congreso federal donde hemos alcanzado lo que se denomina paridad sustantiva, que no es otra cosa que el mismo número de escaños distribuidos con base al género. Pero esto que se dice así en breve ha significado una lucha de las mujeres y aliados. Como antecedente, simplemente deseo añadir que dicha inercia ocurre después de haberse establecido leyes en contra de la violencia hacia las mujeres y las cuotas de género al interior de las organizaciones políticas. No ha sido fácil, los partidos encontraron las maneras de atajar o poner diques de contención a una más genuina participación y reparto de cargos de representación a los que tienen derechos las mujeres. De ahí que el fenómeno de las juanitas, otorgar únicamente suplencias y/o seleccionar candidatas en distritos no competitivos, significó en la práctica negar el principio de una genuina igualdad. Todo esto, como ya he mencionado, inició hacia la segunda década del presente siglo, pero cambió radicalmente a partir de 2018 cuando el Congreso federal alcanzó un reparto paritario de cargos de representación y lo mismo ocurrió en la mayoría de los congresos estatales. No obstante, nuestra mayor deuda democrática como país se encuentra en los espacios municipales y ahí, aunque se ha avanzado, todavía es muy menor la cantidad de mujeres en cargos ejecutivos, pues alrededor del 20% de los más de 2500 ayuntamientos están presididos por una mujer.


Un comentario adicional es muy acertado, pues nada nos garantiza que la incorporación de las mujeres a los distintos cargos de elección popular contribuya a la implantación de una agenda feminista, opina uno de mis apreciados lectores. En efecto, se puede aceptar que, en general, no necesariamente eso resulta indicativo de que sean procesadas nuevas y viejas demandas del movimiento de mujeres; pero no es menos cierto que el hecho mismo de estar representadas en órganos de gobierno y en instancias de representación política por lo menos puede constituirse en un foro para la discusión de los temas que interesan en torno a las demandas de género. Es verdad que la avalancha conservadora que se vive en varios países no solamente no garantiza que se lleven a cabo acciones afirmativas y se legisle en torno al derecho a decidir; pero nunca como ahora un vigoroso movimiento, sin exagerar, global de respaldo a las demandas de participación, en contra de la violencia y por la interrupción del embarazo, ha colocado en la esfera pública estos y otros asuntos que son relevantes socialmente hablando. No obstante ello, hay que admitir que las mujeres en la política no únicamente llegan a cargos relevantes representando simplemente a ellas, sino que son electas con base a un programa político que se procesa al interior mismo de las organizaciones partidistas y si bien algunas de estas son proclives a las demandas feministas, en el espectro político existen partidos tradicionalistas que abogan por la subordinación de las mujeres.


Hay que decir, además, que los temas de género forzosamente tienen un anclaje cultural. Esto no significa, por cierto, que añejas demandas (el derecho al sufragio o al aborto, por poner un par de casos) no sean importante y que constituyen parte fundamental de la agenda de demandas del movimiento en cuanto tal. Las mujeres musulmanas en Irán, por ejemplo, fueron de los sectores clave en el derrocamiento del régimen tiránico del sha, Mohammad Reza Pahleví, que se mantuvo en el poder por cerca de 40 años. Ellas lucharon por el cambio y, al final, centraron la lucha durante el régimen de Jomeini en el acceso a la educación y la salud. Eso las abrió al mundo, se modificaron costumbres y hasta las formas de vestir. Hoy en día tienen que luchar por un retorno al tradicionalismo que pretende no solamente retirarlas de la vida pública y recluirlas al ámbito doméstico sino que, además, las enfrenta directamente con la policía de la moral que vigila sus comportamientos y pagan el precio hasta con su vida por oponerse a usar el chador. En estos casos, las mujeres iraníes hay hecho un frente común frente a los ataques independientemente de las ideologías y esa es una gran enseñanza para el mundo.


Por otra parte, el hecho de que más mujeres accedan a puestos de elección popular o a cargos de relevancia jerárquica en los poderes ejecutivos en diferentes escalas, tampoco implica que así será para siempre. Desde luego, existen leyes que amparan el derecho de las mujeres a ser electas y, también, a ejercer sus derechos al sufragio; esto ya ha sido reconocido en muy diferentes ordenamientos jurídicos. Con todo, nada puede garantizar que se conserve por siempre la igualdad sustantiva por la que hoy día se lucha tan decididamente. Los movimientos conservadores a escala global resultan un obstáculo formidable que ha hecho recular la participación femenina, por ejemplo, en Alemania.


Por cierto, la semana pasada no mencioné el caso alemán, pero sin duda resulta un ejemplo no solamente de un país democrático, que incluso ya ha sido gobernado por una mujer por casi dos décadas sino que, a pesar de que las mujeres alcanzan el 51.7% de la población total en el país, esto no se corresponde con la equidad que debiera ocurrir en cuanto a cargos públicos que ellas pudieran desempeñar. Sin embargo, llama la atención que en las elecciones generales llevadas a cabo hace unos días, en un contexto del resurgimiento de los movimientos ultraderechistas en la que coinciden la mayoría de los países europeos, los resultados de los comiciones en las diferentes escalas de la representación política se vean impactados por estas inercias conservadoras que recorren Europa. De hecho, se observa un retroceso consistente en los tres niveles gobierno (federal, estatal y municipal), ya que de cada 10 cargos en tan sólo 3 quedaron al frente mujeres. Donde se nota un retroceso mayor es en el nivel municipal, pues hay situaciones como las de Sajonia, Sajonia-Anhalt y Baden-Württemberg, donde solamente en 2 de cada 10 cargos están al frente mujeres. Por el contrario, en lugares como Bremen, Hamburgo y Berlín, las mujeres ocupan cargos de relevancia política en 4 de cada 10 de ellos. Esto nos muestra que no todo se ha ganado ahora y para siempre, pueden haber involuciones como en este caso producto de los temores que anidan en la propia sociedad y que los líderes políticos estimulan con el propósito de conquistar el poder. Y aquí no hay ni santos, ni inocentes, la sociedad normalmente obtiene lo que vota, pero también sufraga no por lo mejor sino por lo menos peor. Bajo este panorama hay que admintir que en ocasiones nos equivocamos y pagamos el precio por gobiernos incompetentes, autoritarios e insensibles sobre las consecuencias humanas de sus desatinos.

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