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Lunes 22 de abril de 2024
Viviendo en un país extraño

Actualizado: 2023-08-07

Viviendo en un país extraño


 


Por: Efraín Quiñonez León


lunes, 7 de agosto de 2023


Todavía no nos reponemos de las matanzas ocurridas el día de ayer (la anterior aseveración es un recurso retórico que no pretende banalizar el clima de inseguridad en el que nos encontramos, únicamente pretendemos indicar que, para nuestra mala fortuna, se trata de fenómenos que casi forman parte del acontecer cotidiano. Por lo tanto, no aludimos a ningún hecho en particular, sino a la ocurrencia nada fortuita de esos lamentables acontecimientos) y de los exabruptos que a menudo esgrimen no pocos próceres de la política en el país, cuando ya estamos inmersos de nuevo en un torbellino de sucesos rocambolescos. Aun cuando sea difícil de creer, abstraerse de las polémicas y hechos importantes de la vida pública de nuestro país resulta una tarea infructuosa. Con la instantaneidad de las comunicaciones actuales y el acceso casi masivo de los dispositivos electrónicos que nos mantienen “informados”, resulta cada vez más difícil resistirse a los fenómenos que estimulan el morbo ya sea por horror o por vergüenza.


En las redes sociales y en los medios de comunicación cunde el pánico por los despropósitos existentes en los contenidos de los libros de texto gratuitos para educación básica. Hasta aquí, todo normal. Transitamos de escándalo en escándalo y esa es la dinámica rutinaria, nos guste o no, de una sociedad mediática en la que todos tenemos el derecho al exhibicionismo o al insulto. Todos creemos poseer los méritos suficientes para nuestros 30 segundos de gloria. Mientras esto ocurre, reviven políticos que aprovechan el desconcierto para hacerse publicidad. Ni tardo, ni perezoso, Ricardo Anaya, se sube al ring mediático para defenestrar a la 4T y sus desproporcionados libros de texto. Utiliza la eternidad de un minuto para apuntalar un discurso mediático defiendiendo las más nobles causas de la niñez mexicana para, de refilón, descalificar al presente gobierno. Con espectacular cinismo, Anaya hace gala de sus dotes oratorias que le permiten ignorar las grandes deudas de la opción política que representa. La gran deuda de la derecha ofende la inteligencia y no son capaces siquiera de un gramo de autocrítica, pues fueron los panistas quienes mientras estuvieron durante 12 largos años en el poder no tuvieron escrúpulo alguno para aliarse con los peores políticos que este país ha engendrado. Las buenas ideas de llevar el internet a todas las escuelas y enseñar inglés a todo lo largo y ancho del país, se quedó precisamente en eso, en una verborrea gerencial que materializa el mito de las grandes hazañas aldeanas mientras se disfruta del poder. Lo que es peor, la candidata más viable de la derecha insiste en esos temas cuando sabe del fracaso que esto significó en el gobierno que ella sirvió. Desde lo más alto del Castillo de Chapultepec, Anaya se lanza cual héroe a fin de salvar a la patria por el futuro del país que convierte a la niñez mexicana en rehén de sus abyectos intereses políticos. No está mal que le interesen los contenidos educativos que se inculcarán a las nuevas generaciones a través de la instituciones de educación, pero es genuinamente oportunista y mezquino hacerlo en la coyuntura actual; mucho peor si no le antecede una evaluación sincera de lo que los gobiernos del PAN hicieron y dejaron de hacer por aquellas causas.


Más allá del estridentismo derivado de estas nobles causas, es verdad que el gobierno debería atajar las críticas y convocar a una discusión seria de los contenidos, procediendo a hacer los cambios que se consideren apropiados. Pero entre la derecha cínica y un gobierno rudo y tozudo frente a la discidencia, los márgenes de maniobra parecen ser muy estrechos. Con la transición democrática todos los gobiernos que hemos padecido están prestos a convertirse en salvadores de la patria. Pretenden con una retórica aldeana alimentar el mito de un nuevo origen para la nación, donde ellos ocupan el lugar protagónico y no los ciudadanos a quienes se deja el papel de “clientes” o “beneficiarios” de las dádivas que ofrece el gobierno. Se les invoca como ciudadanos, aunque en la práctica se les escamoteen sus derechos. La transición democrática cambio la nata institucional que se oponía a los cambios, pero ha dejado intacto el sedimento cultural que nos mantiene en el hoyo de la ignominia.


Ocurre, también, que uno de los “políticos” de orígenes empresariales, muy activo en las redes sociales, se sincera en el lenguaje de los compactos mensajes a través de X, anteriormente simbolizada por un pájarito azul, asegurando que la última administración del PRI había sido una de las más corruptas. Uno no puede más que quedarse con la cara de ¿what? Los arrebatos de franqueza del empresario de marras pronto son desafiados por los aliados de ocasión. Reproduzco la ironía porque no tiene desperdicio y no merece mayores explicaciones, puesto que se describe e inscribe sola. La espontaneidad empresarial comenzó así, a propósito de una crítica a la administración de la gobernadora de Guerrero, Evelín Salgado, a quien se señala de tener en la nómina a su novio: “vaya descaro… nunca, ni en los terribles tiempos de Peña Nieto, ha habido tanta corrupción y despilfarro. Morena no nada más está repleta de expriistas, es la peor versión del PRI…” Después de sudar frío y seguramente darse vuelo en lo íntimo con su habitual vocabulario florido (el heredero del ínclito dirigente electricista, Leonardo Rodríguez Alcaine, quien saltó a la fama como el cuñado de los periodistas; mientras Alito lo supera en la rustica convocatoria al miembro viril en contra de los comunicadores) que no admite siquiera una estadística por lo profuso en majaderías, el dirigente del PRI responde con extraña moderación lo siguiente: “Estás equivocado @Claudio XGG. En el PRI hay priistas calificados, profesionales y eficientes, que le dieron y le siguen dando a México grandes décadas de trabajo, desarrollo y crecimiento. Tu comparación es pendenciera y muy desafortunda”. En su inaudita urbanidad, nadie en su sano juicio puede tomar en serio a Alito porque nos tiene acostumbrados a su incontinencia verbal abundante en denuestos. El desaguisado termina con proclamas a la unidad, cual si fuera una conversación políticamente correcta entre tiburones.


Otro episodio no menos desafortunado ocurre con la detención del Fiscal de Morelos que, como se ha difundido ampliamente, resulta una herencia del exgobernador de ese Estado y es señalado por mantener relaciones con redes criminales. Implicado en polémicas acerca de un feminicidio ocurrido bajo su jurisdicción, el fiscal no tuvo ningún empacho en atribuir las causas del asesinato a la ingesta desmedida de alcohol de la víctima y, al mismo tiempo, obstruir las diligencias de ley; sobre las cuales la Fiscalía de la Ciudad de México se pronunció contra los hechos y procedimientos de su contraparte en el estado de Morelos. A sabiendas de que el relato de lo ocurrido era poco creíble, el fiscal de Morelos insistió en los medios que se trataba de un fallecimiento por exceso de alcohol, pero la víctima presentaba un orificio en el cráneo producto del disparo de un arma de fuego. La frialdad de su actuar no deja dudas de las podridas entrañas del nuestro malogrado sistema de justicia. Y por si fuera poco, usa su poder incluso para vigilar y acosar a la única candidata del actual régimen, la mejor posicionada hasta ahora en todas las encuestas.


Para terminar, apenas ayer se nos informa que una mujer en el Estado de Guerrero, participa como aficionada en un estadio de futbol y, mientras echa porras al equipo de sus amores, con la misma euforia descarga una ráfaga de tiros en contra de un narcotraficante local para luego, igualmente, perecer asesinada en el terreno de juego. Como suele decirse en los informes judiciales, una femenina tiró del gatillo eliminando un mal elemento no siendo muy común ese papel de verdugo. La realidad empequeñece a la ficción.

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