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Viernes 23 de abril de 2021
Hacia el 6 de junio de 2021, elecciones intermedias en Veracruz y México

Actualizado: 2020-11-29
Hacia el 6 de junio de 2021, elecciones intermedias en Veracruz y México

Juan Manuel Vázquez Barajas (Twitter: @juanmanuel_vb)

En México, la presencia de mecanismos de violencia política en la esfera de lo público, en especial en tiempos electorales, es un fenómeno que se puede explicar como parte de la herencia de las luchas revolucionarias del país en su conformación como Estado. Estos mecanismos han quedado tan arraigados en nuestra conformación como mexicanos y mexicanas que, aún a pesar de habernos encontrado en la ruta para la transición de los poderes con la vía democrática, persisten mecanismos violentos como herramientas para la consecución de un fin particular en pleno siglo XXI.
Una reflexión que podemos hacer desde nuestros días para analizar esta problemática puede partir reconociendo los principales valores del humanismo que se impregnaron en la constitución de ideas y filosofías políticas que utilizaron en Europa y en América para la solución del conflicto, de la convivencia y de la transición en el poder.
Sucede que en México, un país que se está construyendo desde una perspectiva democrática, la ruta que nos hemos dado para construirnos como Estado nación partió de un buen balance de los principios y valores universales del humanismo, que no es otra cosa que dar un trato digno a las personas, vivir con igualdad, libertad y fraternidad, tal como lo decían los revolucionarios franceses del siglo XVIII, un mundo sin violencia, sin muertos, donde podamos vivir en paz y sin temor.
Bajo esa construcción, debiere ser una de las grandes metas de quienes habitamos la tierra y nuestro país, pensar en democracia o preguntarnos qué significa ser demócrata. Todas las personas que estamos en el ambiente publico o de la transformación evolutiva hacia el nacimiento de un nuevo orden mundial que implique el reconocimiento del humanismo como una bandera propia, en la que la ley o cualquier instrumento de regulación contemple en su interior un ambiente fraterno, que procure la paz y la armonía ente las personas.
La necesidad, urgente, de un mundo en el que las personas tengamos como base la confianza y la cooperación como eje rector de las relaciones personales, familiares, publicas, sindicales, empresariales o de organizaciones de la sociedad civil, se está escuchando en los pasillos y en las plazas de todos los países. La pregunta que ahora nos debemos hacer, cuándo vamos a dar ese gran paso, dejar atrás el ambiente hostil y el ejercicio de la violencia, cuándo valoraremos la necesidad de generar una sociedad con respeto, incluyente, tolerante, pluralista y protectora de las diferencias sociales, políticas, étnicas, raciales o religiosas.
A la luz del próximo proceso electoral, que será el primer domingo de junio de 2021, es importante reflexionar sobre la construcción de nueva filosofía basada en la felicidad y en el amor. Una filosofía política que tenga como base a las personas y a los humanos, como el motor del cambio hacia una sociedad en la que brillen y se fortalezcan los derechos intrínsecos orientados a la humanidad.
Hoy en el siglo XXI, no es suficiente hablar de los derechos humanos clásicos, su ejercicio sin duda genera dignidad humana, nos genera ser personas, ser raza, ser pueblo. No es que la igualdad, libertad y fraternidad se hayan agotado, pues son la base ideal que se dieron los europeos para tener relaciones públicas con un mínimo de humanismo. Sin embargo, no es suficiente en nuestros días. En el mundo globalizado en el que estamos, solo tenemos derechos mínimos reconocidos universalmente, podemos comprar casi todos los productos de todos los países, las economías desarrolladas y emergentes se han democratizado, por decirlo de alguna forma, pero, los derechos, el humanismo y la dignidad humana no han terminado de ponerse a disposición de todas las personas, no hemos alcanzado a globalizarles.
Reconstruirnos como país implica instrumentar y garantizar a las personas sus derechos mínimos a la libertad de expresión, opinión e imprenta. Así también, a la libertad de pensamiento, de acción, de ser, de vestir, al derecho mismo a tener una personalidad propia y a convivir y laborar bajo un ambiente libre de violencia, donde tu expresión, por el simple hecho de ser diferente, no sea castigada, intimidada y en casos extremos, puesta en riesgo la integridad de una persona.
Rumbo a las elecciones de 2021, debemos generar un ambiente cálido, civilizado, armonioso. Construir un espacio público, en donde no se use la violencia o la amenaza o el hostigamiento político. Las elecciones deben ser parte de un lenguaje con principios y valores universales, con corte humanista. No se debe tolerar la violencia, ni los señalamientos, ni la denigración de ningún actor, partido político, ni candidato ni candidata. Todos tenemos el deber y la obligación ética de denunciarla. Todos cabemos en el mundo, todos somos humanos. Todos tenemos derecho a expresar nuestros puntos de vista u opiniones, todos tenemos la obligación de incluir a las demás personas aún cuando no nos gusten sus expresiones o su forma de ser o su personalidad.
La violencia política no es el mejor instrumento para generar una sociedad democrática, mucho menos para silenciar a los ciudadanos que gozamos de la libertad, igualdad y fraternidad. Tenemos derecho a opinar diferente y ayudarnos y construir una nación plural e incluyente. Las elecciones de 2021 son el momento oportuno para que las y los mexicanos construyamos un espacio público donde la adversidad, el conflicto, la batalla electoral, las diferencias políticas e ideológicas, no solo nos muestren lo plurales que somos, sino que nos permita ser el puente para construir una nueva sociedad humanista, donde la felicidad sea la meta universal.
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