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Sábado 05 de diciembre de 2020
Marihuana y democracia

Actualizado: 2020-11-12
Marihuana y democracia

Juan Manuel Vázquez Barajas (Twitter: @juanmanuel_vb)

Las elecciones en los Estados Unidos del pasado 3 de noviembre marcaron varios hitos. No solo lograron sacar a Donald Trump de la Casa Blanca, uno de los presidentes más controversiales y divisivos de la historia de ese país, sino que también produjeron avances en mecanismos de participación ciudadana.
Los estados de Arizona, Dakota del Sur y Montana aprobaron iniciativas que permitirán la legalización del cannabis (marihuana) para uso personal recreativo. Con estos estados, asciende a nueve el número de estados de la Unión Americana que han legalizado la marihuana mediante el uso de consultas ciudadanas.
¿Qué es una consulta ciudadana?
Es una herramienta mediante la cual un grupo de personas pueden poner a consideración de los votantes una propuesta de ley. Esto significa que el legislativo deja de ser el único con el poder de aprobar una propuesta para hacerla ley, siendo que los ciudadanos pueden juntar firmas para que una propuesta se someta a la aprobación de la ciudadanía por medio de una votación.
Sin embargo, las consultas tienen ciertas restricciones. Nuestra Constitución marca que toda cuestión que atente contra derechos humanos, seguridad nacional, sistema financiero o electoral no podrá ser votada a través de una consulta o iniciativa ciudadana.
¿Cuál ha sido la importancia de las consultas ciudadanas para la legalización de la marihuana en EEUU?
Nuestros vecinos del Norte han logrado organizarse desde la sociedad civil para impulsar un tema que no había prosperado por la vía gubernamental. De los once estados que hoy han legalizado la marihuana, solamente tres lo han hecho mediante la aprobación de sus congresos estatales.
Dada la percepción negativa que ha acompañado a la marihuana, ha sido complicado para ciertas figuras políticas fijar posturas a favor de su legalización. No obstante, conforme la propia sociedad ha avanzado en su conocimiento de la sustancia, y ha dejado de adoptar una óptica penal sobre el tema, se ha volcado hacia su legalización.
Es así como, utilizando mecanismos de participación ciudadana que tenemos en México, han logrado abrir camino para un cambio en una política de estado que tiene implicaciones más allá de la salud.
Para los estadounidenses, una de las críticas más notables hacia la política de criminalización de la marihuana ha sido el efecto negativo sobre poblaciones pobres y de color. La socialización de la guerra contra las drogas propagó un estereotipo de mayor uso de drogas ilegales entre las personas afroamericanas que se ha traducido en una mayor supervisión policiaca de esas comunidades. Peor aún, se asocia también con el incremento drástico en el encarcelamiento desproporcional de personas afroamericanas. Ello a pesar de que, estadísticamente, no hay diferencia significativa en los niveles de consumo frente a sus contrapartes blancos.
Con la legalización de la marihuana, las autoridades norteamericanas se verán obligadas a revisar este tipo de cuestiones y posiblemente redefinir prioridades. Que ello se traduzca en la redistribución de recursos a programas sociales que ayuden a las comunidades necesarias, dependerá en gran medida del activismo social y la voluntad política que este pueda movilizar. Sin embargo, el hecho de haber llegado a la legalización ya habla de la posibilidad de cambio que se puede lograr con mecanismos de democracia directa y participativa.
¿Qué lecciones pueden quedar para México?
La democracia no solo nos permite atender problemas mediante la elección de representantes, también permite empujar los límites para generar incidencia desde la sociedad civil. En México contamos con instrumentos de democracia directa y participativa que nos permiten tomar decisiones de trascendencia para nuestras comunidades, estados y país.
El ejemplo de la legalización de la marihuana en varios estados americanos nos permite ver las posibilidades que existen para impulsar cambios en la política del estado. Al igual que para nuestros vecinos, la política de drogas impacta en varios ámbitos de nuestra vida cotidiana, particularmente en la seguridad pública. Por lo que una acción colectiva estratégica podría darse en nuestro país para generar movimientos de gran trascendencia, como este.
Más allá de este tema en particular, es importante que los ciudadanos nos apropiemos de estos instrumentos para impulsar los cambios sociales que buscan mejorar el bien común.
El propio Presidente de México ha señalado su apoyo a las consultas populares para involucrar a la ciudadanía en temas de gran importancia. Gobernar no es solo responsabilidad de los representantes populares, es un deber de todos nosotros ver por el bien común y organizarnos para lograr mejoras a nuestro entorno. Como demostraron los estadounidenses el pasado 3 de noviembre, no solo se puede castigar a través del voto, también se puede construir un futuro distinto.
Un dilema que tiene la democracia directa en México, que urge resolver por su impacto presupuestal a las finanzas del Estado mexicano, es ponderar si las consultas populares se realizan el mismo día que se celebren las elecciones federales o de las entidades, tal como ocurre en los Estados Unidos de América, o sostenemos un régimen separatista de la democracia representativa frente a la directa, áun cuando ello implice el uso de miles de millones de pesos de las y los mexicanos.

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