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Wednesday 09 de September de 2026
El segundo piso de la 4T: Un recuento inicial

Actualizado: 2026-09-01

 


El segundo piso de la 4T: Un recuento inicial


Por: Efraín Quiñonez León


martes, 1 de septiembre de 2026


Tiro Libre


El primer día de septiembre, como ha ocurrido con la mayoría de los presidentes de México, la presidenta, Claudia Sheinbaum, rendirá su segundo informe de gobierno. Son ya dos años de la presente administración federal, es decir, concluye el primer tercio con activos y pasivos, oportunidades y retos, conflictos y momentos propiciatorios para enderezar el camino o tomar vuelo. Dicho de otra forma, es imposible intentar “medir” los alcances de un gobierno si no se toman en cuenta tanto aquellos aspectos positivos, como los negativos que marcarán, al final de sus días, el perfil construido a lo largo del tiempo.


Desde esta óptica, vale la pena iniciar con los elementos que resultan benéficos para el país, pese a las enormes presiones tanto en el frente interno, como en el externo.


En primer lugar, debe reconocerse que, aún cuando la economía soporta el vendaval externo y las insuficiencias internas, en ese tema el país transita razonablemente bien. Se pueden cuestionar las macroinversiones que aplicaron desde el gobierno anterior (cosa, por cierto, que el presente gobierno encara por los ajustes al presupuesto que le impiden crecer), pero sin duda fueron un estímulo importante en las actividades productivas, particularmente en el sureste del país. Es verdad, también, que la suspensión de obras en proceso que el gobierno anterior canceló tuvieron su propio impacto en el presupuesto público. Además de esto, ha sido un acierto los incrementos al salario mínimo que, no solamente rompió mitos en torno a ese tema sino que, principalmente, dio un impulso importante a la economía doméstica. De hecho, al inicio de la administración de la presidenta, Claudia Sheinbaum, hubo todavía un ajuste de alrededor del 20% al salario mínimo, pero incluso los expertos y economistas favorables a este tipo de medidas y simpatizantes de la 4ta Transformación, prevén que estos aumentos ya llegaron al tope o están cerca de ello, si la economía no crece al menos al doble de lo que lo hace ahora.


Por otra parte, se entiende que el principal motor es la inversión pública, como lo demuestran los grande proyecto de inversión realizados sobre todo en el sexenio anterior; la inyección de recursos a Pemex y CFE; entre otras medidas. En el frente externo, desde luego hay inversiones, pero no se trata de nuevos proyectos, sino principalmente de reinversiones.


El plan México ha sido la propuesta de este gobierno para promover la inversión -digamos- privada nacional, pero hasta ahora solamente se ha quedado en eso. Sin duda alguna, la escasa o hasta nula inversión privada bajo este esquema no se debe tanto a la disponibilidad de recursos (que los hay, desde luego), sino a la concentración del poder y, sobre todo, a la falta de certeza jurídica en la hipótesis de conflictos entre actores económicos y políticos.


Con todo, sería deseable esperar más y, sobre todo, en el nivel de los recursos disponibles, podríamos ambicionar estar mejor. Sin embargo, la economía del país se encuentra razonablemente bien. Ahora existen retos enormes con relación al Tratado de Libre Comercio; pero incluso en ese tema y la temeraria (tanto como desquiciada postura) imposición de aranceles del gobierno norteamericano, no ha sido especialmente perjudicial para el país. Con otras palabras, en el entorno tan adverso de la economía internacional no nos ha ido mal con la política de gravar algunos bienes del exterior cuando entran al mercado estadounidense.


En segundo lugar, el asunto de la seguridad que, para nuestra desgracia, sigue siendo el problema toral de la presente y anteriores administraciones. Hay que tomar un poco de perspectivas para comprender la situación paradojal en la que nos encontramos. Por un lado, la administración anterior pretendió hacernos creer que los problemas con la inseguridad cambiarían si “se atendían las causas de las desigualdades sociales” en el país; bajo el argumento de que principalmente los jóvenes se incorporaban a las redes delictivas por la falta de oportunidades. A la distancia se puede sostener que, no obstante que se atendieron “dichas causas” mediante la entrega directa de recursos y la mejora salarial que ya hemos mencionado, lo cual significó que alrededor de 13 millones de personas abandonaran la pobreza, lo cierto es que eso no disminuyó sino que acrecentó los niveles de violencia en el país.


Visto a la distancia y con las investigaciones periodísticas, como también judiciales dentro y fuera del país, lo cierto es que hubo una suerte de pacto con algunas de las redes criminales que operan distintos “negocios” en el territorio nacional. El secuestro del líder del cártel de Sinaloa, Ismael Zambada, a finales de la administración pasada constituye el punto de quiebre de ese pacto o acuerdo tras bambalinas.


Por esas razones, el gobierno de la presidenta Sheinbaum no ha tenido otra opción que combatir a los grupos criminales más violentos y desestabilizadores en el país. El caso de el “Mayo Zambada” y sus derivaciones en la administración actual exhibe no solamente una presunta colusión de intereses sino, más aún, redes políticas abocadas a brindar protección a los delincuentes por comisión, omisión o amenazas.


En este complejo escenario, la presidenta ha tomado decisiones importantes en la materia que no solamente contrastan con la gestión pasada sino que, en los hechos, muestra el fracaso de la política de “abrazos y no balazos”. En ese sentido, es meritorio que haya un cambio de rumbo en este aspecto y, si bien se discute sobre el manejo de las cifras, es verdad que han disminuido algunos delitos; en lo particular, los homicidios.


No obstante que estas buenas noticias hacen ver se encara de otra forma el fenómeno, lo cierto es que no solamente hay casos (el caso más reciente sucedió en Zacatecas donde se hizo explotar un coche-bomba y no hablemos de Sinaloa que, después del secuestro de Zambada, vive literalmente en la inseguridad más absoluta y la guerra declarada entre los grupos criminales que se disputan la plaza) que desafían los buenos registros en materia de combate a la criminales sino que, también, las presuntas redes de protección política termina por enfrentar a los liderazgos más representativos del régimen e incluso desafiar el poder de la presidencia de la república.


Finalmente, en el frente externo nuestra mayor reto está en el tipo de relación que podamos alcanzar con la principal potencia del mundo y vecinos nuestros. En este plano, hay dos elementos que merecen la pena destacarse. El papel de México en el concierto internacional y nuestros vínculos con el gobierno norteamericano en tres aspectos: las negociaciones del Tratado de Libre Comercio, las migraciones y el combate al narcotráfico.


La presidenta Sheinbaum ha tomado un papel más protagónico a nivel internacional, lo cual es ampliamente reconocido tanto interna como externamente. Y los contrastes saltan a primera vista. Bajo el argumento de que la mejor política exterior es la interior, el gobierno pasado demostró su distanciamiento timorato frente al resto de los países del mundo. Afortunadamente, eso ha cambiado parcialmente con la actual presidenta y es loable que restablezca las relaciones con España, por ejemplo, que se lastimaron con el gobierno previo. En ese sentido, es de celebrar que la presidenta asista a reuniones de jefes de Estado y de gobierno, de modo que no solamente se distinga la participación de México sino que, principalmente, reiteremos un mayor compromiso de las grandes potencias por algunos de los temas que han sido parte de los resolutivos de los organismos internacionales, como las políticas para el cuidado del medio ambiente y actuar de manera decidida con relación al cambio climático, como también abatir los niveles de pobreza en el mundo.


Políticamente, México ha tenido un papel protagónico y de solidaridad con refugiados por diferencias ideológicas. Desde los refugiados españoles de los años 30 del siglo XX por la dictadura franquista que asesinaba a sus compatriotas republicanos, hasta las más recientes olas migratorias por cuestiones económicos y/o políticas. Sin embargo, cargamos el lastre de las alianzas antinatura con los regímenes dictatoriales del hemisferio, bajo el rancio argumento de la supuesta autodeterminación de los pueblos que resulta inviable frente a gobiernos despóticos. Si la presidenta actual llegó por la fuerza del sufragio y después de una larga lucha por construir instituciones electorales confiables, resulta inadmisible que no se pueda tomar partido o ser congruentes con nuestro afanes democráticos en el concierto internacional. No podemos ser partidarios dictaduras (algunas hasta caricaturescas, como la Nicaragua de la pareja presidencial que la gobierna) porque supuestamente el “pueblo así lo quiere y es su decisión”.


En general, la presidenta se ha desempeñado adecuadamente en ciertos temas, pero en otros ha mostrado la extremada debilidad que le acompaña. Rodeada de incompetentes y desleales, la tarea de gobernar se complica muchísimo. Salvo en las Secretaría de Seguridad y Economía, el resto de los funcionarios han dejado mucho que desear en sus funciones principales. La compleja tarea de gobernar requiere de cuadros capaces para afrontar los restos que esto significa, está claro que Morena tiene personal muy capaz para la operación bronca de la política, pero México necesita mucho más y la mayoría debería exigir que así fuera.

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