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La planeación como eje central de un buen gobierno
Por: Efraín Quiñonez León
martes, 3 de marzo de 2026
Tiro Libre
Con el crecimiento de las ciudades se van sumando en cantidad y complejidad problemas que no siempre, ni la autoridad local correspondiente, ni la sociedad de cada lugar, pueden responder de la manera más adecuada. Tampoco se han desarrollado suficientemente bien la capacidades institucionales para enfrentar los retos que esto significa, como no existen los recursos financieros para llevar a cabo obras de envergadura que contribuirían a resolver o, en su caso, a mitigar los efectos más indeseables del desarrollo urbano.
En Veracruz, apenas están tomando posesión la más reciente autoridades locales de los 212 ayuntamientos que se distribuyen por toda su geografía. Como parte del marco normativo que rige su funcionamiento ordinario, los municipios están obligados a elaborar un plan de desarrollo con base en la mayor participación ciudadana posible. Siendo este un requisito impostergable a fin de obtener los recursos a través de sus planes de arbitrio, los ayuntamientos despliegan un frenético activismo buscando resolver la elaboración del documento base que, en teoría, debería regir sus propuestas de obras y acciones de desarrollo que se proponen llevar a cabo durante su gestión en el corto plazo.
Los municipios suelen proceder de diferentes modos para superar estos escollos. Con frecuencia, contratan los servicios de despachos o asociaciones civiles para la elaboración de sus planes de desarrollo. Simulan que sus instrumentos de planeación están alineados a los criterios de la ley en la materia, cuando a menudo estos se convierten en un simple requisito para cumplir formalmente con la autoridad que los “obliga” con ese propósito. Es decir, la elaboración de un documento que debe ser relevante tanto para gobernantes, como para gobernados, corre paralelo a una participación ciudadana inducida, mientras los despachos o bufetes preparan los documentos para salir al paso de los compromisos.
Sin embargo, también hay experiencias interesantes en las que los retos de la participación ciudadana, la autoridad local y el cuerpo profesional que, finalmente, construye el plan de desarrollo municipal, pueden llevarse a buen puerto gracias a la voluntad política de los funcionarios públicos, la articulación con actores externos y la estrecha cercanía entre actores locales y del gobierno municipal. Como tal, dichas experiencias son escasas y esporádicas; dependen mucho que varios de estos procesos se alineen en función de un propósito compartido, mismo que no es muy fácil alcanzar. Si esto sucede en los espacios más acotados, tratar de articular voluntades y agendas a una escala mayor resulta todavía más difícil, aunque las dinámicas que deben llevarse a cabo no solamente resultan indispensables, sino que no se pueden obviar porque existe una ley que los alcaldes no se pueden saltar.
En Xalapa, las autoridades actuales llevan a cabo una serie de actividades de consulta que permitan integrar los insumos necesarios para destacar los problemas fundamentales de la capital veracruzana, así como apuntar las soluciones que se consideren más apropiadas.
Como se sabe, uno de estos conflictos que estresan la vida cotidiana de la ciudadanía y autoridades locales es el problema de la movilidad. Es común escuchar que la ciudad resulta un caos urbano en cuanto a los desplazamientos; se percibe una sobresaturación de vehículos que circulan diariamente, lo que congestiona las calles y avenidas porque muchas de estas son usadas como estacionamiento lo que, a su vez, termina por dificultar aún más las trayectorias de la ciudadanía. Peor todavía, Xalapa actúa como una suerte de imán para las poblaciones aledañas que suelen desplazarse hacia ella para obtener algún servicio, por cuestiones de trabajo, o bien para llevar a cabo trámites diversos en tanto que centro de los poderes estatales.
Reconocer esta dimensión geográfica del problema implica al menos tomar en cuenta que la planeación para resolverlos debe encararse desde esta dimensión. Esto implica una suerte de sinergia entre las autoridades locales, tanto del gobierno municipal, como del estatal. De hecho, el Plan Municipal de Desarrollo del gobierno local inmediatamente anterior al actual reconoce este imperativo e incluso plantea, por una parte, desestimar el uso privado de autos a través del cual se trasladan muy pocas personas, a un sistema diversificado de movilidad y de transporte público de masas. Sin embargo, resulta un horizonte ideal que no necesariamente se corresponde con lo que finalmente pudo o se puede hacer al menos en el tema de la movilidad.
En este sentido, conviene aportar algunas cifras que nos permitan dimensionar las distintas aristas de un problema como el traslado de personas y bienes por la ciudad.
Xalapa tiene una población cercana al medio millón de habitantes, pero en una escala metropolitana se alcanza casi los 800 mil. El Plan Municipal de Desarrollo (2020-2025), incluso menciona que la dinámica de crecimiento población ha sido más acelerada en los últimos años en los municipios cercanos. Alrededor de 10 municipios (Banderilla, San Andrés Tlalnehuayocan, Emiliano Zapata y Coatepec, donde las fronteras están prácticamente borradas o son muy porosas, en un ir y venir de personas y bienes; se añaden a este conjunto Acajete, Rafael Lucio, Coacoatzintla, Jilotepec, Xico, Teocelo) en su zona de influencia contribuyen con población y actividades a este fenómeno de crecimiento exponencial. La mayoría de estos municipios próximos a la capital proveen la mano de obra para la economía de servicios que la caracterizan. Por lo tanto, se puede sostener la hipótesis de que un número significativo de ellos se desplaza con regularidad a la ciudad, de modo que esto incrementa los problemas de movilidad en el entorno urbano.
De hecho, al menos las últimas 4 administraciones municipales previas han reconocido a la movilidad como uno de los conflictos torales de la ciudad que resulta muy complejo de resolver, se necesitan recursos importantes para invertir y las condiciones propias del terreno establecen dificultades difíciles de superar. El Plan Municipal de Desarrollo (2020-2025), así lo reconoce. De acuerdo con este documento, en Xalapa circulan más de 200 mil vehículos diariamente, lo que significa que existe un auto por cada tres habitantes. Y poco más de la mitad de esos vehículos son de uso privado.
El mismo plan reconoce que, más allá de esta gran cantidad de autos circulando por la ciudad y que son parte del problema de saturación de las calles, también existe un problema en las infraestructuras viales. Es decir, hay un problema con las dimensiones de calles y avenidas que no soportan o no fueron diseñadas para tal cantidad de vehículos en circulación. Se puede añadir a esto que resulta casi generalizado el uso como estacionamiento de estas vías de comunicación, lo que agrava mucho más el problema de circulación. Las administraciones previas construyeron y mejoraron los accesos, así como las vialidades de las zonas periféricas de la ciudad; lo cual fue un acierto porque parte de la pobreza urbana se refleja justamente en las dificultades de la ciudadanía de ejercer en la práctica su derecho a la ciudad y un derecho básico para ello es contar con accesos adecuados. No obstante el beneficio que esto significó para los habitantes, también trajo como consecuencia obstáculos en los desplazamientos porque las calles literalmente están inundadas de vehículos que se estacionan sobre ellas; de modo tal que una calle con dimensiones adecuadas para que puedan circular hasta dos autos simultáneamente queda reducida a solamente un carril.
Desde luego, tratar de normar esto implica un costo político que ninguna administración previa ha querido asumir, salvo hace muchos años que se intentó cerrar un día (domingos peatonales) la circulación de autos por algunas calles del centro de la ciudad; pero la medida fue pasajera y se necesitaba muchas más acciones para que esto pudiera eventualmente tener algún tipo de éxito.
Con estos argumentos, lo que pretendemos señalar no solamente es insistir en el preocupante problema de movilidad que existe en la ciudad, que todo mundo padecemos y que las propias autoridades reconocen en sus documentos oficiales de planeación. La pregunta es ¿Qué se puede hacer? En primer lugar, cambiar la escala de análisis, pues no se trata de un problema municipal en cuanto tal, sino de un tema genuinamente metropolitano. Segundo, se necesita reconocer este problema (cosa que parece haberse admitido por la autoridad con base en lo que suscriben en sus documentos oficiales), voluntad política para armonizar a las autoridades locales de la zona metropolitana de Xalapa con el propósito de reconocer el asunto y sumar iniciativas para encarar sus posibles soluciones. Tercero, es necesario, además, la creación de un organismo de planeación en las 8 áreas metropolitanas existentes en la entidad; de modo que desde ahí puedan proponerse alternativas técnicamente viables y/o posibles a fin de resolver esta situación.
No existe una sola manera de resolverlo, pero es claro que lo que se necesita es un complejo sistema de movilidad cuyo eje central debe ser el transporte masivo de pasajeros. Este no es un tema que solamente pueden encarar arquitectos o ingenieros, desde luego que son fundamentales para llevar a buen puerto iniciativas de esta naturaleza; pero resulta del mismo modo indispensables los conocimientos de geógrafos, economistas, sociólogos y antropólogos; por lo menos. Debe de ser una instancia por definición pluralmente disciplinaria y que no responda a la lógica de la confrontación política directa. ¿Podría llegar a ser esto posible? No solamente es posible o deseable, resulta urgente encarar esos desafíos y, como siempre, estamos llegando tarde y el futuro ha empezado a proporcionarnos sorpresas desagradables. |