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Lunes 23 de octubre de 2017
   
Detrás de la máscara de "Amor infernal"
Detrás de la máscara de "Amor infernal"
Analy Osorio/ Foto: Emilio Torres  .  
2017-09-21.- Amor Infernal tiene apenas 16 años y desde niña supo que quería ser una luchadora profesional como su padre.



Veracruz, Ver. (AVC/Ana Alicia Osorio) La máscara de Amor Infernal reposa en un cajón junto al que guarda la ropa de su la bebé recién nacida. Ella quiso que su traje de luchadora esperara mientras que el embarazo y la recuperación del parto pasaban.

La lucha por contener el deseo de volver al ring ha sido quizá la más difícil de vivir en su camino por convertirse en una luchadora profesional, solo equiparable con el machismo y la misoginia que enfrentó arriba y abajo del ring.

Primera caída

Amor Infernal tiene la fortuna de poder decir que desde muy niña sabía perfectamente lo que quería ser de grande.

Su papá luchador influyó tanto en ella que siempre lo quería ver pelear e inclusive aprendió a usar el control para cambiar la televisión de las caricaturas que le ponían a la lucha libre.

Siempre deportista practicó futbol, voleibol, basquetbol y muchos otros, pero sabía que ella quería aprender lucha libre de manera profesional.

A los 12 años después del fallecimiento de su papá, su mamá le cumplió el deseo que tanto tenía: una inscripción para aprender lucha libre y su traje. Entonces fue feliz.

Pero allí la primer caída apenas comenzaba: el machismo de los hombres que entrenaban en el sitio, la constante amenaza de hacerla a un lado, las burlas e inclusive los golpes para que se hartara, fueron la pelea que supo vencer.

“En donde yo llegué nada más había una (mujer) y a ella también le costó supongo, pero sí sufrí de machismo, me hicieron menos, me hacían a un lado, me decían que porque era vieja que no podía, muchas veces entrenando habían unos gandallitas que me azotaban y no me decían ni como caer”, narró.

Ese machismo en los compañeros de lucha libre le provoca aún dolor de costilla, contó, pues cuando comenzaba debía aprender una caída pero al preguntarla uno de sus compañeros la aventó sin explicarle, contra una tabla sin colchoneta.

“Estaba comenzando pues apenas me estaban enseñando a planchar (…) le pregunté y nada más me agarró de la blusa y el short tipo sacaborracho y me azotó contra un tablón que estaba duro en el ring, estaba sobresaltada y no tenía colchoneta”, comentó.

Su única compañera que entrenaba ahí prefería quitarse cuando las prácticas eran muy fuertes o cuando debían hacer trabajos en equipo, pues así les pedían los hombres, pero ella no.

Ella, dijo, seguía en las filas para hacer los ejercicios aunque los hombres la quitaban para ganarle el lugar, generando aún más comentarios sobre lo poco que duraría o golpes sin previo aviso. Pero siguió.

Hasta un día que se sintió lista optó por pelear con un hombre con mayor entrenamiento que ella, golpearlo cuando éste le pegó sin avisar, pues al parecer era el único idioma que entendían. El episodio pasó y siguió.

Ella debutó ante el público como Amor Infernal - nombre que escogió desde antes de entrenar en combinación de tributo a su papá el Güero del Infierno y el “eres un amor” que le suelen decir- y comenzó a tener pelas los fines de semana en una de las arenas locales, luchando con hombres y mujeres.

“Hasta ahorita les digo no que no podía, o cuando me sale algo no que no podía y qué, se me cambiaron los ovarios y nada más se enojaban los que empezaban a quererme hacer menos porque eres mujer”, indicó.


Segunda caída

El día que Amor Infernal confirmó sus sospechas que estaba embarazada debía subir al ring al luchar como lo hacía de manera cotidiana.

Ella y su pareja - también luchador- acordaron que tendrían al hijo pero subiría al ring por última vez antes de dar a luz y se despediría por lo alto con el micrófono en mano, para volver después del parto.


Sin embargo, ya con máscara puesta y unos minutos antes de subir, la emoción que sentían les hizo decirle su mamá quien se opuso tajantemente a que disputara esa última lucha.

Tras una plática con su mamá, la joven de 16 años, decidió adelantar su retiro del escenario y no subir aunque ya la anunciaban. Uno de los momentos más difíciles del embarazo, según recuerda.

Ella quería un hijo, aunque quería que fuera un par de años después, pero cuando resultó embarazada pensó en sus posibilidades y decidió tener a quien ahora llama Ashley.

“Platiqué con mi mamá y ese día tenía una función y estaba entre mi hija y la lucha libre (…) me costó, me costó porque la lucha libre es algo que amo, me apasiona pero ni modos tuve que decidir”, indicó.

Durante el embarazo acompañaba seguido a ver a su pareja entrenar o presentarse a luchar pero cada vez que se encontraba cerca del ring algo en ella despertaba esas ganas de subir.

“Me emocionaba y a la vez me daban unas ganas de subirme y hacer las cosas (...) fue una lucha de que quiero y quiero pero no puedo”, contó.

Los meses pasaron y su niña nació. Tan solo dos días después Amor Infernal ya estaba caminando fuera del hospital donde la tuvo para empezar una recuperación que, espera, sea lo más rápida posible.


Tercera caída


Aún no sabe cuando pero la joven luchadora promete regresar a un ambiente dominado por hombres donde ya se había hecho un lugar.

La cesárea que le hicieron por el peso de su hija al nacer le prolongará un poco más el tiempo en que pueda volver al entrenamiento, pero espera que sean menos de tres meses.

Mientras solo se coloca la máscara, acostumbrando a su niña de un mes de nacida a las luchas y luchadoras de quienes estará rodeada toda la vida, pues si de algo está segura es que su ella, su mamá, regresará.


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