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Martes 27 de junio de 2017
Culpabilizar a las víctimas

Actualizado: 2017-04-04
Mujeres que Saben Latín

Por Yadira Hidalgo G.

Cuántas veces no hemos oído o incluso dicho, al conocer un acto de violencia contra una mujer: “pero a ver, es que cómo iba vestida”, “a quién se le ocurre tomar más de la cuenta”, “por qué se fue con cuatro tipos”, “quién la manda a andar sola a esas horas de la noche”, “qué no está viendo la situación y encima anda de viajera solitaria”... Seguramente también lo hemos pensado y más de una vez.

Culpabilizar a las víctimas es la salida fácil, la que nos evita escudriñar en el subsuelo de la podedumbre social. La que nos impide reconocer que hay responsables que hicieron que una persona terminara siendo víctima de un delito. Culpabilizar a las víctimas es voltear hacia otro lado y fincar la responsabilidad en quien padeció la violación de sus derechos humanos, ya sea por que “así lo quiso Dios”, “el destino” o porque “andaba de puta”, como acaban concluyendo los “sesudos” comentarios a las notas sobre violencia contra las mujeres.

Las redes sociales parecen funcionar en dos vías: a favor o en contra. Y para las mujeres, muchas veces es en contra. No te quejes en redes porque eres una exagerada, no denuncies en redes porque eres una feminazi, no defiendas a otra mujer porque eres una ridícula, no seas víctima de violencia porque seguro que tú te lo buscaste.

No sé ustedes pero yo estoy harta de estar explicando que el feminismo no quiere la supremacía de las mujeres, ni que los hombres padezcan lo que ahora nosotras aún padecemos. Parece que nadie quiere entenderlo. Sobretodo muchos varones que se sienten atacados, ofendidos, ninguneados en su virilidad. Desde que el feminismo se ha vuelto el último objetivo de su violencia, viven con una mano delante y otra con el mazo listo para atacar.

Que si somos violentas, agresivas, radicales, que cómo pedimos respeto si vamos marchando con las tetas al aire y gritando “verga violadora a la licuadora”, ¿Qué no quieren respeto? Nos preguntan así con cara de regaño. Y ahí nuevamente nos asaltan muchas preguntas: ¿Qué a poco los grandes cambios se consiguieron siendo unas lindas y pidiendo por favor nuestro derecho al voto? ¿por qué duele más la pinta a una estatua a un monumento, a una pared, que la violencia sexual y feminicida sobre el cuerpo de una mujer? ¿por qué más personas están dispuestas a marchar por defender la vida de los animales que la de las mujeres?

De verdad que a veces no lo entiendo. Nunca falta quien en su discurso habla de la importancia de las mujeres en la sociedad desde los lugares más comunes, aunque para ser comunes, parece que no todo mundo lo puede asimilar. Como diría una querida feminista: las mujeres somos la más de la mitad de la población y madres de

la otra mitad. Vamos, que nosotras hemos parido el mundo ¿Qué más tenemos que hacer para que la violencia contra nosotras importe y sobretodo, para que se nos deje de culpar por nuestra suerte?

Una frase que leí en las redes decía algo así: si 40 hombres (y mujeres) le llaman puta a una mujer, se les cree de inmediato, si 40 mujeres le llaman violador a un varón (incluso con pruebas en la mano), siempre habrá quién aún dude de la palabra de todas ellas.

Culpabilizar a las víctimas, es otra herencia de la educación irreflexiva y banal del capitalismo como sistema de dominación, para el cual, las personas que piensan, que cuestionan, que exigen, son peligrosas e inservibles.
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