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Martes 17 de octubre de 2017
Dieta Constitucional

Actualizado: 2017-02-05

DIETA CONSTITUCIONAL

Por Adán Cabral Sanguino

Como todos sabemos, actualmente, estamos frente a una Constitución muy diferente a la que fue creada y aprobada en 1917, debido a que el poder legislativo la ha engordado tanto con las recientes reformas estructurales que es ineludible reflexionar tanto sobre su peculiar longevidad como sobre los retos y dilemas que plantea el instrumento legal vigente.
Tan sólo en el lenguaje, podemos observar el engrosamiento del texto con excesos de palabrería (en su versión original tenía 27 mil vocablos, ahora tiene 66 mil), redundancias, parches jurídicos y otras plétoras que hacen pensar a muchos en la necesidad de una nueva constitución para consumar el proceso de democratización o, al menos, la renovación del texto constitucional planteada por el jurista Diego Valadés desde 1998, lo cual implicaría el reordenamiento y reducción de la normatividad esencial u orgánica, separándola de la legislación secundaria, lo que haría posible una inédita constitucionalidad (Héctor Fix-Zamudio, 1999).
Así, nuestra actual Carta Magna, que hoy está cumpliendo el primer centenario de su promulgación, ha registrado a la fecha 227 reformas, con 696 cambios de redacción, dando un total de 114 artículos modificados de 136, esto es el 81% del volumen, lo que, a manera de parodia, me hace pensar en Juan Vargas, el presidente municipal de San Pedro de los Saguaros que, en la célebre película “La Ley de Herodes” (1999), se atreve a modificar la Constitución para cobrar todo tipo de impuestos en dicho pueblo. No es fortuito que, en diversas encuestas, cada vez más mexicanos consideran que la Constitución ya no responde a las necesidades del país.
Sin duda, nuestra ley suprema representó, en su momento, la visión política de Venustiano Carranza y el proyecto de nación de inicio del siglo XX que, desde diferentes voces críticas, exigía que aspectos básicos de justicia social quedaran plasmados en el referido documento. Ya electo presidente, Carranza se dedicó a pacificar el país, reorganizar la administración pública y hacer valer la Constitución recién promulgada. Pero su intento de imponer al primer civil en la presidencia de la República en 1920 le costó la traición de Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta; su asesinato en Tlaxcalantongo, Puebla –magistralmente relatado por Fernando Benítez en la novela El rey viejo-, y la llegada de una década sangrienta en el país.
A cien años de su promulgación, nuestra carta magna, que incluso dio origen a la modernidad literaria en México, requiere ser analizada con una rigurosa perspectiva jurídica que responda a la aspiración original de proteger los derechos de los grupos sociales vulnerables y adoptar un diseño institucional que haga más funcional, transparente y eficaz la actuación del Estado. No obstante, el reto actual, a diferencia de 1917, es hacer compatible la pluralidad política con la funcionalidad institucional (Jorge Islas, 2016). Simple y complejo fundamento de la gobernanza. Un ejemplo será la puesta en marcha de la primera Constitución de la Ciudad de México recientemente aprobada y que entrará en vigor el 17 de septiembre de 2018. Tiempo al tiempo.
Luego entonces, no es necesario seguir engordando a nuestra ley suprema, sino ponerla a dieta de lo innecesario y reiterado. Y una estructura de gobierno que responda realmente, y por la vía de la civilidad, a los legítimos reclamos de la sociedad que, por antonomasia, están plasmados en las garantías individuales. Ya de la preservación de nuestra soberanía frente a los caprichos fascistoides de Donald Trump que, para nada actúa como el hombre de Estado que la mayoría de los norteamericanos esperan, mejor dejo la cavilación para otro momento.




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