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Miércoles 25 de mayo de 2022
Cartel inmobiliario… una bomba de tiempo

Actualizado: 2021-06-02
Columna: Artillero

Por: Moisés Hernández Yoldi

Cartel inmobiliario… una bomba de tiempo

La construcción y desarrollo de torres de departamentos y condominios en los Fraccionamientos Reforma y Virginia, una de las zonas de mayor plusvalía en los municipios de Veracruz y Boca del Río, ha sido exponencial en los últimos años.

A pesar de la desaceleración económica derivada de la pandemia, el sector de la construcción en el segmento de departamentos registra un crecimiento extraordinario, que contrasta con otros modelos inmobiliarios.

Este crecimiento que debería ser una buena noticia, oculta una parte oscura en su operación, que de no corregirse provocará un grave problema para la ciudad.
Estamos hablando de un refinado modelo que involucra:

1.- Inversionistas reales y prestanombres

2.- Constructores

3.- Gestores (traficantes de influencias)

4.- Autoridades coludidas que terminan siendo socios de los inversionistas

A continuación explico:

El inversionista o inversionistas adquieren una propiedad (casa) en una ubicación previamente seleccionada.

El desarrollador (constructor), que puede o no ser socio del inversionista, realiza un proyecto “adhoc” con el terreno.

Los gestores (traficantes de influencias) que pueden estar asociados o no con los inversionistas, tramitan ante las autoridades municipales las licencias y permisos, mismos que implican (entre otras cosas) estudios de factibilidad y de impacto en la zona.

Los permisos y licencias son autorizados en “fast track” mediante acuerdos previos y muchas veces violando los protocolos y normas, incluso sin el aval de los vecinos, quienes son los principales afectados.

La colusión entre inversionistas, desarrolladores, gestores y autoridades municipales, crean el modelo de operación “perfecto”.

Y sí, sería perfecto, de no ser porque los desarrollos y proyectos se han limitado a un selecto grupo de inversionistas que han acaparado el mercado y que se han visto favorecidos por la red de influencias que conforman el cartel inmobiliario.

Y sí, sería perfecto, de no ser porque el otorgamiento de licencias y permisos para estos desarrollos, han comprometido la capacidad de los servicios públicos en la zona, provocando:

1.- El colapso de la red hidráulica, derivado del exceso de descargas. Donde antes había una casa, ahora hay 12 o hasta 16 departamentos generando más descargas.

2.- Falta de agua, ante una mayor demanda, el agua potable empieza a escasear, obligando al uso de pipas en una zona residencial.

3.- Fallos en el suministro de energía eléctrica, la CFE reporta que la demanda en la zona se ha incrementado y su red de distribución resulta insuficiente.

4.- Saturación de vehículos en las calles, muchas de las torres de departamentos de la zona, incumplen con la normativa que establece un número proporcional de estacionamientos.

El “boom” inmobiliario en la zona de los fraccionamientos Reforma y Virginia, oculta una serie de irregularidades y una red de tráfico de influencias que alguien debería de atender, antes de que sea demasiado tarde.
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