El Pico de Orizaba, la fábrica natural de agua que se agota

Por: AVC Noticias/Connectas  
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2021-06-30
El Pico de Orizaba, el volcán activo más alto de México, que provee de agua a más de 2 millones de personas está en riesgo por los cambios de uso de suelo, la tala clandestina y la falta de recursos para su conservación, con solo cinco servidores públicos a su cuidado * Su último glaciar, el Jamapa ha perdido el 71% de su cobertura en 50 años.

 




Xalapa, Ver.- (AVC/ Flavia Morales) El Pico de Orizaba, el volcán activo más alto de México, es un ecosistema frágil. El área natural protegida con más de 10 mil hectáreas de oyameles y pinos se deteriora cada día.

“Ha soportado muchos años de saqueo, de mal manejo, estos bosques han resistido durante siglos -aproximadamente 650 mil años-, primero la llegada de la industria y luego de los pueblos”, reflexiona Raúl Álvarez Oseguera, director del parque nacional, cuando se le cuestiona por qué debería importarnos lo que sucede a 5,634 metros sobre el nivel del mar, en el volcán también llamado Citlaltépetl.

Su importancia ambiental es múltiple: de ahí nacen las cuencas hidrológicas del Jamapa-Cotaxtla, para abastecer de agua a más de 2 millones de veracruzanos y parte de otras como el Nautla y Papaloapan.



Formación de la cuenca Jamapa- Cotaxtla/Roque Enríquez 


Ahí también, a más de 5,000 metros, se ubica el glaciar norte, conocido como Jamapa — uno de los últimos del país — que se resiste a desaparecer.

El volcán fue decretado Área Natural Protegida (ANP) y parque nacional en 1937 en tiempos del Presidente Lázaro Cárdenas, pero 78 años después se formalizó el plan de manejo ambiental a cargo de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp).


El plan publicado en 2015 expone que la conservación del bosque es relevante para contribuir a mitigar el calentamiento global y conservar los ríos de caudal permanente o intermitente que surten agua a varias poblaciones de Puebla y Veracruz.


El plan detectó múltiples problemas dentro del ANP: cambio de uso de suelo de forestal a agrícola, tala clandestina, incendios, pérdida de agua, erosión de suelos, entre los principales.


La deforestación ha generado también reducción de áreas de captación de agua, disminución en los niveles de los cauces de ríos y arroyos, señala el diagnóstico del plan.


El glaciar Jamapa, se resiste a desaparecer



Deshielo del Glaciar Jamapa cara norte del Pico de Orizaba/Roque Enríquez


La reducción del glaciar Jamapa ubicado desde los 5,050 metros en el Pico de Orizaba, ha puesto en riesgo el agua procedente de la montaña.


En 1958, se registró la existencia de cuatro glaciares principales en el Pico, de los cuales solo sobrevive el Jamapa al norte del volcán. El glaciar norte tenía diversas lenguas glaciares que han desaparecido, entre ellas, la lengua de Jamapa. 


Carlos Welsh, investigador del Centro de Ciencias de la Tierra de la Universidad Veracruzana, explica que los glaciares actúan como depósitos naturales, almacenando agua durante el invierno y liberándola entre primavera y verano a medida que el hielo se derrite.


Así, la pérdida de la extensión del glaciar reduce la cantidad de agua hacia el cauce de los ríos.


Welsh junto a otros geólogos, realizan monitoreo climático desde hace 15 años en el volcán.  Los descubrimientos en las estaciones climáticas son preocupantes: “Son cambios de la transformación física del entorno. Un desplazamiento hacia arriba de la altura mínima donde se forma la nieve”. Antes, esas condiciones se podían encontrar a 3,000 metros sobre el nivel del mar, ahora están a más de 4,000 metros. “Eso significa tener menos posibilidad de agua”, resume Welsh.


El estudio más reciente — 2019  de Jorge Cortes Ramos, investigador del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, Baja California, señala que hasta 2017, el glaciar había perdido el 71 % de su cobertura de área entre 1958-2017, los ultimos 59 años. 


Las imágenes satelitales muestran que en 1958 el glaciar tenía una cobertura de 2.04 kilómetros, para 1986 medía 1.29 kilómetros y en la última medición del 2017, la extensión del glaciar era de 0,600 kilómetros. 



Teniendo en cuenta las tasas de retroceso encontradas en este estudio, este glaciar ya no existirá para el año 2050.


Guillermo Ontiveros, glaciólogo y uno de los científicos que colocó la placa metálica en el glaciar Ayoloco, el último en extinguirse en el volcán Iztaccíhuatl, alerta: Los glaciares mexicanos desaparecerán irremediablemente.


En una entrevista para para AVC Noticias, alerta que sin el glaciar, se perderá un regulador natural de los escurrimientos de agua desde la montaña, “En las temporadas que no llueve, el agua por las cuencas sigue fluyendo desde la reserva de agua del glaciar, si esto no existe habrá temporadas de sequía intensa”.



Guillermo Ontiveros, Glaciológo, quien lleva más de 15 años realizando estudios en el volcán


“La falta de agua, no solo afectaría a las poblaciones, también a la variedad de ecosistemas y especies que dependen del agua en la montaña”, dice  Ontiveros quién ha realizado monitoreo glaciológico y meteorológico junto al Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM),  desde hace varios años. 


Por su parte, Welsh dice que hay factores externos que provocan la reducción dramática del glaciar y que son inevitables, como el cambio de temperatura, la falta de precipitación y el aire de la atmósfera.



Pero está convencido que la cantidad de vegetación en la región, podría ser un factor clave para conservar la humedad en el glaciar. Sin embargo, hasta ahora las imágenes satelitales de la Universidad muestran cómo en los últimos diez años, el Pico de Orizaba ha perdido al menos el 40 % de la masa forestal.


“Podemos actuar en la reforestación a escala y recuperar zonas forestales, lograr más dinero para la conservación de árboles y recuperar la humedad del suelo, para incidir directamente en la cantidad de agua disponible en la montaña”, opina Welsh.




Pico de Orizaba pierde 3,000 hectáreas de bosque y tala se agrava





Parque Nacional Pico de Orizaba/Roque Enríquez


Pero el glaciar, no es el único problema del bosque. Se le suman otras presiones, como las 40 comunidades de ocho municipios de Puebla y Veracruz viviendo cerca de la poligonal del parque y que generan cambios de uso de suelo y tala clandestina.


La tala en el bosque de oyameles en peligro de extinción y pinos negros (Pinus hartwegii), considerados únicos por crecer a grandes altitudes, se intensificó en los últimos diez años, estableciéndose redes de comercialización bien organizadas, según el programa de manejo ambiental.


En 2011, la Conanp estimó una superficie afectada por la tala de 3,000 hectáreas, que involucró de manera directa a 12 comunidades de tres municipios.


Álvarez Oseguera, director del parque desde 2011, reconoce que la pandemia de la COVID-19 agudizó esta práctica en el bosque, al disminuir la vigilancia policiaca. “La tentación es fuerte para las personas de las comunidades quienes además se quedaron sin empleo”.



Madera talada en los límites del Parque Nacional Pico de Orizaba/Roque Enríquez


En otros años — 2011-2017 — el programa de restauración de cuencas prioritarias de la Comisión Nacional Forestal invirtió más de 110 millones para sembrar 5 millones de árboles en el Pico. En total se reforestaron 3,700 hectáreas con el 80 % de éxito en la sobrevivencia. El reto ahora es conservar esos árboles.


Para lograr un bosque como estaba y los pinos logren una estatura de entre 22 y 23 metros, pasarán entre 80 y 100 años.

“En 20 años vamos a ver un bosque joven pero sano, que da servicios ecosistémicos. No podemos pretender regresar al pasado, debemos adaptarnos a las condiciones de cambio climático. Tenemos que hacer adaptación, de lo perdido lo que aparezca”, considera Álvarez Oseguera.

La principal preocupación ahora es encontrar fondos de al menos 5 millones de pesos para reforestar las áreas afectadas por la tala clandestina, y al mismo tiempo garantizar mantenimiento de 15 años para los árboles plantados.

Cuando regresamos a la pregunta de por qué nos debería importar el parque, Álvarez Oseguera reitera: “Es frágil, si se acaba el agua, nos movemos a otro lado a seguir destruyendo, pero debemos hacer conciencia y regresarle a la madre naturaleza lo que nos ha dado”.



En su opinión, esas 2 millones de personas quienes viven del agua del volcán, deben saber que esa fábrica natural se agota cada día.

Por eso es urgente socializar la responsabilidad del cuidado del parque, “no puede ser responsabilidad del director y sus cuatro compañeros darle calidad de vida a 2 millones de personas que dependemos del agua”, comenta.


 


Este trabajo fue realizado por Flavia Morales de AVC NoticiasCONNECTAS dentro de ARCO, con el apoyo del International Center for Journalists (ICFJ) en el marco de la iniciativa para el Periodismo de Investigación de las Américas.