Xalapa, Ver.- (AVC/Verónica Huerta) Alberto tiene presente en su memoria las tres ocasiones en que intentó cometer suicidio, sabe que hizo daño a su organismo, que sus actos lastimaron a su familia, que lo llamaron “loco”, que fue discriminado, y sin embargo, nada de lo acontecido en el exterior, es comparado con el dolor que lo llevó a la desesperación por quitarse la vida.
A sus 23 años, Alberto sólo desea no volver a sentir depresión, porque al llegar la tristeza en lo único que piensa es terminar con el dolor que lo invade, y la única salida que se le ocurría era a través del suicidio.
Alberto invitó a las personas con cuadros de depresión, ansiedad e intensiones de cometer suicidio a buscar ayuda en el Instituto de Salud Mental “Doctor Rafael Velazco Fernández” ubicado en la calle Aguascalientes número de la colonia Progreso- Macuiltépetl, en esta ciudad capital.
“Busquen ayuda con especialistas, una salida, una respuesta. La vida es bonita. Si ustedes se sienten tristes, con desanimo por la vida, créanme si ustedes vienen aquí al hospital va a ser la mejor inversión de su vida, en cuanto al trato, terapia, medicina, siempre habrá alguien que los va a recibir, sólo es quererse uno mismo, y querer ayudarse” afirmó Alberto entrevistado en el Instituto de Salud Mental.
Tras dos años, siete meses de tratamiento con medicamentos, rehabilitación, acompañamiento de psicólogas y psiquiatras del Instituto Veracruzano de Salud Mental “Doctor Rafael Velazco Fernández”, Alberto por primera vez cree en su capacidad,
comenzó a laborar en una cafetería, tiene metas, sueños, y ganas de estudiar la licenciatura en arquitectura en la Universidad Veracruzana (UV).
Un día del año 2016, Alberto intentó quitarse la vida al intentar arrojarse de un puente; en el 2019 ingresó a un hospital en Xalapa tras haber ingerido un bonche de pastillas, los médicos lo salvaron, le hicieron un lavado gástrico, su cuerpo no pudo más y cayó en coma.
Otro día del 2020, los pensamientos de tristeza, de desesperanza continuaron y lo volvió a intentar con pastillas que lo sedaron, lo durmieron y una vez más lavado gástrico para limpiarle el medicamento en exceso que había consumido.
Alberto recuerda que desde niño sentía tristeza, pero se acentuó en la adolescencia “era un vacío que no podía llenar, desinterés por la vida, mucho dolor emocional y físico”.
Alberto, llegó al Instituto de Salud Mental en febrero del 2020 con la ayuda de su padre y madre, “había dejado de comer, no me levantaba de la cama, siempre quería estar sólo y llorando, fue tanto el dolor que mis padres pidieron ayuda a un médico, me trajeron al Instituto, y diagnosticaron un cuadro depresivo. Yo intenté quitarme la vida tres veces”.
Ahora sabe que requiere tomar medicamentos prescritos por un medico psiquiatra, recibir terapia psicológica, y le han enseñado a estar alerta a sus cambios de ánimos.
“Me siento mucho mejor. Gracias a Dios no siento tristeza. Me harán otros estudios para si no tengo trastorno bipolar por los recurrentes cambios de estados de ánimo, no quisiera tenerlo, pero tengo la esperanza de estaré bien, me darán medicina”, indicó Alberto.
Aunque anteriormente había tenido novias, ninguna relación había prosperado porque la depresión lo llevaba a encerrarse y dejaba de convivir.
“Ahora tengo una novia, llevamos un año juntos, me siento muy contento, es el motor de mi vida, ya trabajo de barista en una cafetería por las tarde, en la mañana trabajo en una construcción, gano mi dinero, y mi sueño es estudiar arquitectura, quiero construir casas” expuso.
No más tabúes ni estigmas, el suicidio se previene: Salud
Blanca Patricia Pérez Luna, es la encargada del Programa de Prevención del Suicidio del Instituto de Salud Mental “Doctor Rafael Velazco Fernández”, y su experiencia y conocimientos le dan la autoridad para afirmar que a las personas con intenciones de cometer el suicidio no se les debe llamar “valientes”, ni tampoco “cobardes”, sino reconocerlos cómo seres humanos con un dolor emocional que los inmoviliza.
En el marco del Día Internacional de Prevención del Suicidio, la psicóloga criticó que por décadas el problema de salud y social de los suicidios es tratado con “estigmas y tabúes”, sin embargo en el siglo XXI la sociedad debe reconocerlo cómo un problema de salud mental, el cual se previene y es tratado únicamente por psicólogos y psiquiatras.
“Entre los mitos está qué si el suicidio es un acto de valientes, de cobardes, esos son mitos. El suicidio está asociado al dolor, al sufrimiento humano, al dolor emocional que no tiene nada que ver con qué si eres cobarde o valiente, lo que hay es dolor, sufrimiento, el suicidio duele” afirmó.
En el Instituto de Salud Mental, los especialistas tratan los males mentales del paciente y dan un seguimiento de por vida con el único fin de ayudarlo a continuar su vida.
“No se trata de que los cures y se vayan a su casa, sino que se les da seguimiento iniciar el tratamiento debe haber intervención para prevenir que no se vuelva a presentar, darle estrategias para solucionar problemas, que a veces es un problema de salud mental cómo depresión o ansiedad” refirió.
Cuando una persona comete un acto suicida, previamente pudo haber cursado episodios de ansiedad o depresión, y una situación en su día a día lo llevó a tomar una decisión final, explicó.
“Generalmente hay un detonante, puede ser una separación, una perdida de un trabajo, de una pareja, es la gotita que derrama el vaso de muchos factores que la persona ya traía. A veces dicen se suicidó porque se separó o perdió el trabajo, pero en realidad eso fue una gotita, seguramente la persona tenía otros factores” detalló.
La psicóloga afirmó que la familia tiene un papel muy importante porque la encargada de ayudar, acompañar, dar soporte y funcionar cómo una red de apoyo hacia el paciente.
Lamentó que el problema del suicidio es abordado cuando los medios de comunicación dan cuenta de una muerte así; sin embargo lo que hace falta son campañas de prevención, que inviten a la persona a acudir a los servicios de salud mental, reducir la vergüenza por pedir ayuda, sino que se debe hablar y dejar de mantenerlo invisible.
“El mayor numero de suicidios consumados es en hombres, pero las mujeres lo intentan más; los métodos más usados son ahorcamientos, pastillas, cortes, armas y plaguicidas; pero antes de intentarlo las personas presentan un ánimo bajo, cambios en su comportamiento, conducta aislada, muy impulsiva, y en ocasiones hay consumos de sustancias prohibidas”.
De acuerdo con la OMS, dijo la especialista una de cada 100 muertes es debido al suicidio; en el 2019, un promedio de 97 mil 339 personas perdieron la vida por suicidio en Las Américas; a nivel mundial 700 mil personas se suicidan cada año; cada 40 segundos una persona intenta suicidarse; por cada suicidio consumado hay otras 20 personas intentándolo; los 15, 30, y 35 años es la población de mayor riesgo; se sabe que está asociado a un padecimiento de salud mental.
El programa de Prevención del Suicidio del Instituto de Salud Mental, se puso en marcha hace seis años en el Instituto de Salud Mental con los protocolos indicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en respuesta a una demanda de la población.
Indicó que el suicidio es un acto o idea que sólo los profesionales de la salud en este caso psiquiatras o psicólogos tienen los conocimientos para prevenir, rehabilitar y prescribir medicamentos que ayuden a la persona que lo intenta.
“Lamentablemente cuando una persona pide ayuda a un psiquiatra o psicólogo es porque ya se cortó, se empastilló, psicotizó. Por lo regular llegan aquí a para ser tratados después de cinco años de sufrimiento. Hay muchos mitos de que si lo hablas le das ideas a las personas para cometerlo” finalizó.