Boca del Río, Ver. (AVC) El colectivo Monitores Mandinga impulsa el avistamiento y monitoreo de aves como una estrategia para reconectar a infancias y adolescentes con su territorio, promover su cuidado y fortalecer una alternativa de turismo responsable en la zona de Mandinga.
De acuerdo con Adrián Ciprés, integrante del colectivo, el proyecto surgió en 2018 a partir de la asociación civil Geobicom, que buscaba acercar a niñas, niños y adolescentes a la observación de aves “de las altas montañas al mar” en Veracruz.
El trabajo fue retomado en 2023, después de la pandemia, inicialmente como parte de un monitoreo biológico enfocado en el registro de anidación de la garza cucharón. A partir de ahí, el colectivo comenzó talleres en escuelas de educación básica de Mandinga y Matosa, con estudiantes de preescolar, primaria y telesecundaria.
Ciprés explicó que el proyecto ha evolucionado del monitoreo hacia la apreciación de las aves como una forma de cuidado territorial, utilizando el turismo de naturaleza como una alternativa económica para la comunidad.
El objetivo, dijo, es formar guías locales con enfoque comunitario, principalmente entre adolescentes e infancias, y sumar a lancheros que ya trabajan en el turismo náutico, para incorporar el avistamiento de aves y el monitoreo comunitario a sus recorridos.
La zona de Mandinga en Alvarado es relevante por sus ecosistemas asociados al manglar, selvas inundables, selva baja caducifolia y áreas costeras, que funcionan como espacios de refugio, descanso y anidación para aves nativas y migratorias.
Entre las especies observadas se encuentran fragatas, tijeretas, garzas blancas, garzas patas doradas, garzas ganaderas, garzas tricolores, garza cucharón, martines pescadores y águilas pescadoras. También se tiene identificada una zona de anidación y espacios como la llamada Isla de las Garzas.
El colectivo fue impulsado originalmente por Alejandra Saucedo Plata y doña Reina. Actualmente, el fortalecimiento del proyecto está a cargo de personas como Adrián Ciprés, Jordi Toto y Malú, quienes buscan mantener el trabajo comunitario en la zona.
La participación de jóvenes ha dependido del interés y acompañamiento de madres y padres de familia, debido a que se trata de menores de edad. Actualmente participan de manera constante cuatro adolescentes y, de forma intermitente, hasta ocho niñas, niños y adolescentes.
Ciprés señaló que la comunidad comienza a ver el avistamiento de aves como una alternativa económica complementaria al turismo convencional que ya existe en Mandinga, pero con un enfoque responsable, basado en naturaleza y con beneficios para la población local.
El integrante de Monitores Mandinga reconoció que el cuidado del territorio enfrenta retos por la presión urbana, los cambios de uso de suelo y la venta de terrenos para proyectos residenciales o comerciales. Sin embargo, consideró que el reconocimiento de la comunidad como afrodescendiente abre una posibilidad para fortalecer la reapropiación y defensa del territorio.
Para el colectivo, la conservación no solo depende de acciones ambientales, sino de la organización ciudadana y comunitaria. Por ello, buscan fortalecer redes de colaboración para cuidar los ecosistemas, las aves y los territorios donde habitan las comunidades.