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viernes 12 de junio de 2026
   
Niñas cuidadoras: el trabajo infantil invisible que crece en Veracruz
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Niñas cuidadoras: el trabajo infantil invisible que crece en Veracruz Foto: AVC / Noticias
Ana Mozo /AVC.  
2026-06-12.- En Veracruz, niñas y adolescentes asumen labores de cuidado en casa; especialistas advierten que esta forma de trabajo infantil sigue invisibilizada.

Xalapa, Ver. (AVC/Ana Mozo).– En Veracruz, el trabajo infantil no siempre ocurre en calles, mercados o campos agrícolas. Una de sus formas más invisibles se desarrolla dentro de los hogares, donde niñas y adolescentes asumen tareas de cuidado, limpieza y alimentación durante largas jornadas.

En 2022, el 16.3 por ciento de la población veracruzana de 5 a 17 años se encontraba en condición de trabajo infantil, lo que equivale a 295 mil 800 niñas, niños y adolescentes, de acuerdo con datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), con base en la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) 2022 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

La cifra coloca a Veracruz como la tercera entidad del país con mayor número de menores de edad en situación de trabajo infantil, solo por debajo de Chiapas y el Estado de México.

Además, entre 2019 y 2022, el estado registró un incremento de 58 mil 500 casos, al pasar de 237 mil 400 a 295 mil 800 menores de edad en esta condición.

Trabajo infantil que no se ve

En Xalapa, la aparente disminución de menores de edad trabajando en las calles no refleja una reducción real del trabajo infantil. Para Erika Antonio Blanco, directora de Matraca, Movimiento de Apoyo a Niños Trabajadores y de la Calle, el problema persiste y una de sus manifestaciones más invisibilizadas son las labores domésticas y de cuidado que realizan niñas y adolescentes.

“Aunque no se les remunera económicamente, sí incluye una actividad física y de riesgo. Es un trabajo casi de 24 horas”, señaló.

La organización ha identificado que entre el 20 y 25 por ciento de las niñas que atiende realizan este tipo de actividades en sus hogares.

El académico de la Facultad de Sociología de la Universidad Veracruzana (UV), Arturo Narváez Aguilera, exdirector de Matraca y exenlace regional de REDIM, señaló que el trabajo doméstico y de cuidados es uno de los más complejos para generar mecanismos de regulación y protección, debido a que ocurre dentro de los hogares y resulta difícil de identificar.

Cuando ayudar en casa deja de ser colaboración

Los especialistas coinciden en que participar en actividades domésticas no constituye por sí mismo trabajo infantil. La diferencia radica en las condiciones en que se realizan estas labores.

Narváez explicó que una actividad doméstica se convierte en trabajo infantil cuando impide la asistencia escolar, limita el derecho al juego y la recreación, obliga a niñas y niños a asumir responsabilidades de adultos o los expone a riesgos físicos y emocionales.

“Los niños y las niñas tienen que estar estudiando, jugando y ejerciendo sus derechos. Cuando comienzan a asumir tareas de adultos, se pone en riesgo su desarrollo integral”, señaló.

Erika Antonio Blanco añadió que muchas niñas asumen tareas como cocinar, limpiar y cuidar a sus hermanos menores durante largas jornadas, mientras los adultos salen a trabajar.

“Se tienen que encargar de los hermanitos más pequeños, a veces tienen que llevarlos a la escuela, tienen que hacer la comida, tienen que hacer el aseo”, explicó.

Las niñas, las principales cuidadoras

De acuerdo con Narváez, las labores de cuidado recaen principalmente en niñas y adolescentes debido a la persistencia de roles tradicionales de género.

“Es producto y reproducción de un sistema patriarcal que establece esta construcción de roles de género, en donde pareciera ser que las niñas tienen que formarse en una lógica del cuidado”, afirmó.

Antonio Blanco coincidió en que esta distribución desigual responde a una construcción cultural arraigada.

“Seguimos arrastrando esa idea de que la niña y la mujer son quienes deben estar en el hogar. Esa idea errónea es totalmente por la violencia de género”, dijo.

Datos de REDIM indican que en 2022, el 73.9 por ciento de las niñas y adolescentes en México realizaban quehaceres domésticos, frente al 68.4 por ciento de los niños y adolescentes.

Además, entre quienes realizaban estas tareas en condiciones no adecuadas, el 38.4 por ciento de las niñas enfrentaba jornadas prolongadas, contra el 15 por ciento de los niños.

“En las zonas rurales se ve mucho más marcada esta diferencia. Los niños trabajan en el campo y las niñas se quedan atendiendo la casa o preparando alimentos”, explicó Antonio Blanco.

Pobreza y falta de cuidados, origen del problema

Los especialistas advierten que el fenómeno no puede entenderse sin considerar las condiciones estructurales que lo sostienen.

Para Narváez, la erradicación del trabajo infantil no puede limitarse a sancionar a las familias ni a responsabilizarlas de manera individual. Sostuvo que el fenómeno está ligado a condiciones históricas de pobreza, desigualdad y exclusión social, que obligan a muchas familias a recurrir al trabajo de sus hijos.
“Muchos padres y madres de niñas y niños trabajadores también fueron niños trabajadores. Hay una reproducción del fenómeno como estrategia de subsistencia”, explicó.

A esto se suma la falta de servicios de cuidado infantil para madres y padres trabajadores. Narváez indicó que muchas mujeres, especialmente madres autónomas, deben salir a trabajar sin contar con guarderías o espacios seguros donde dejar a sus hijos, por lo que terminan delegando el cuidado de los menores a hermanas o hermanos mayores.

Por su parte, la directora de Matraca reconoció que muchas familias enfrentan condiciones económicas complejas que obligan a menores de edad a contribuir al sustento familiar; sin embargo, advirtió que la sociedad ha terminado por normalizar estas situaciones.

“Vemos a niñas y niños trabajando en mercados o calles y ya nos parece algo normal. Lo que buscamos es sensibilizar y visibilizar que detrás de estas actividades hay derechos que pueden estar siendo vulnerados”, expresó.

Abandono escolar y pérdida de la infancia

Antonio Blanco explicó que muchas niñas comienzan a asumir estas responsabilidades desde los 10 u 11 años, y uno de los impactos más frecuentes es la afectación a su trayectoria escolar.

Matraca ha documentado casos de adolescentes que faltan varios días a clases porque deben cuidar a sus hermanos menores, preparar alimentos o encargarse de tareas del hogar.

“Tenemos casos de niñas que de cinco días de clases faltan tres porque tienen que hacer la comida, cuidar a sus hermanos o llevarlos a la escuela. Ahí ya se están vulnerando otros derechos”, señaló la directora.

De acuerdo con REDIM, en 2022 Veracruz registró 221 mil 800 niñas, niños y adolescentes que estudiaban y trabajaban al mismo tiempo.

Sin datos suficientes sobre trabajo doméstico infantil

Uno de los principales retos para atender esta problemática es la falta de información específica sobre el trabajo doméstico y de cuidados en la infancia.

Aunque existen registros nacionales sobre trabajo doméstico infantil, Narváez señaló que Veracruz carece de diagnósticos detallados sobre cuántas niñas y niños realizan labores de cuidado dentro de los hogares y bajo qué condiciones.

El académico consideró necesario que instituciones como los Sistemas Municipales de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA) desarrollen mecanismos de monitoreo y generación de información para dimensionar el problema.

Antonio Blanco señaló que México cuenta con un marco legal robusto para proteger los derechos de la niñez, pero enfrenta dificultades para trasladar esas disposiciones a la realidad cotidiana.

Visibilizar para prevenir

En el marco del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, los especialistas coinciden en que el reto no solo es erradicar el trabajo infantil, sino reconocer sus formas menos visibles.

También advierten sobre la necesidad de fortalecer las políticas públicas dirigidas a las familias trabajadoras, mejorar sus condiciones de vida y evitar que niñas, niños y adolescentes se vean obligados a asumir responsabilidades que no les corresponden.

“Necesitamos sensibilizarnos. Estas infancias no trabajan porque quieran hacerlo, sino porque las condiciones en las que viven las empujan a asumir responsabilidades que no les corresponden”, indicó Antonio Blanco.

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