Xalapa, Ver.- (AVC) La matanza de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968 no solo quedó en la memoria colectiva por la magnitud de la violencia, sino también por el miedo que, de acuerdo con el académico de la Facultad de Psicología de la Universidad Veracruzana (UV), Hazael Sotelo Navarro, permanece en la sociedad y puede reactivarse cada vez que se habla de movimientos de protesta.
Durante su participación en el conversatorio “Tlatelolco y movimientos estudiantiles”, organizado por la casa de estudios, el académico señaló que la respuesta del Estado contra el movimiento estudiantil de 1968 mostró por primera vez, de manera visible, al aparato estatal movilizado contra un sector de la sociedad civil.
Explicó que la magnitud de la coacción ejercida en aquel momento permitió que el hecho permaneciera en la memoria colectiva del país, debido al impacto que tuvo la violencia contra los estudiantes: “El aparato del Estado contra ellos es lo que llamamos una coacción”, señaló.
Sotelo Navarro consideró que el objetivo de una acción de esa magnitud también tuvo un efecto sobre el resto de la sociedad, al generar temor y transmitir la idea de que movilizarse o exigir cambios podía tener consecuencias.
“El Estado decidió una acción así para tratar de generar miedo en toda la sociedad”, expuso.
Aunque actualmente existen escenarios de violencia de mayor magnitud, sostuvo que la relevancia de Tlatelolco radica en que representó un momento en el que la sociedad pudo observar de manera directa la intervención del aparato estatal contra un movimiento social, particularmente contra los estudiantes.
El académico agregó que el miedo generado entonces no permanece únicamente como un recuerdo histórico, sino que puede mantenerse vigente a través de la memoria colectiva y del discurso social.
“La memoria no funciona como algo que se queda atrás, sino como algo que se queda en el discurso”, explicó.
En ese sentido, señaló que cada vez que se aborda el caso de Tlatelolco o se presentan acontecimientos similares, el recuerdo vuelve a hacerse presente y puede reactivar el miedo asociado con aquella experiencia.
De acuerdo con Sotelo Navarro, este mecanismo ayuda a explicar por qué persiste entre algunos sectores de la sociedad la percepción de que no tiene caso exigir, protestar o movilizarse, un efecto que, consideró, forma parte de las consecuencias de la coerción ejercida durante aquel periodo.