El precio de la transición
Transformar el cuerpo para pasar de hombre a mujer o viceversa, implica un alto precio, incluso el riesgo de morir. * Esta es la historia de Jani quien para tener caderas se inyectó aceite mineral, el riesgo es alto, pero el deseo de tener caderas redondas en ese momento fue mayor. Especial #LoveIsLove
Xalapa, Ver.- (AVC/Noemí Moreno y Brisa Gómez) Transformar el cuerpo para pasar de hombre a mujer o viceversa, implica un alto precio, incluso el riesgo de morir. Hay costos económicos, sociales, familiares y hasta en la salud. En muchas ocasiones debe vivirse en soledad, con el riesgo de morir por los procedimientos no aprobados en la medicina. Inyecciones de sustancias peligrosas, ingesta inadecuada de hormonas y hasta la aplicación de ungüentos aparentemente inofensivos, ha dejado secuelas en la vida de quienes han tratado de alcanzar el sueño de vivir en la identidad deseada. El precio económico de la transformación podría parecer “barato” pues una caja de hormonas (anticonceptivos) puede encontrarse en las farmacias hasta en 80 pesos, sin embargo a la larga su ingesta prolongada puede detonar enfermedades cardiacas, hepáticas, renales y detonar problemas como diabetes o reumatismo, por mencionar las menos.

En el deseo de transformar el cuerpo, existen personas que se inyectan aceites minerales en el cuerpo para obtener cadera, nalgas o tornear las piernas, así como también quienes se untan pomadas en los testículos para lesionarlos y obtener atención en las instituciones de salud encaminada a su amputación. Las instituciones, de manera oficial, a pesar de contar con especialistas aptos para atender el tema de la transexualidad, cierran los ojos al tema, pues aseguran que en sus instalaciones no se dan tratamientos, ni se practican cirugías estéticas -como las consideran- para implantar o quitar mamas, ni reasignar órganos genitales, al menos eso es lo que responden a través de transparencia en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), pues la Secretaría de Salud a nivel federal o estatal, simplemente no respondieron. Jani, con una bomba de tiempo El cuerpo de Jani es una bomba de tiempo. Para obtener caderas se inyectó aceite mineralizado. Partes de su cuerpo son calientes al tacto de forma de forma permanente. Sabe que es un riesgo de muerte, que es necesario retirar por completo esa sustancia, sin embargo quitarla también significaría perder la forma redondeada de su cadera. Desde niña, última de siete hermanos, en una familia tradicional con una crianza religiosa, Jani siempre supo que era diferente. Nació con el cuerpo de un hombre, sin embargo su expectativa era ser una niña como las demás, como su hermana.

Durante su etapa escolar Jani sufrió agresiones todo el tiempo, enfrentó ataques e incluso discriminación, teniendo sólo como apoyo su ilusión de ser una mujer y llegar a casa donde a pesar de no ser libre de expresarse como quería, podía encontrar un espacio suyo. Su objetivo era llegar a la universidad y entregarle a su padre un título universitario, para que con ello pudiera tener elementos para ser libre, mantenerse y vivir la vida que le permitiera por fin expresarse como una mujer. La situación económica, la obligaba a buscar siempre la manera de pagar sus estudios, algunas amigas suyas, mujeres trans, le ayudaron para pagar el examen de admisión, en otros casos se aplicaba en la escuela y conseguía con sus compañeros el pago por tareas o apuntes que le permitieran tener dinero hasta para comer mientras permanecía fuera de casa.

Para ese entonces, Jani ya había iniciado la transición de su cuerpo, pues había empezado a tomar hormonas, sin embargo esto sólo era un paso más para alcanzar su objetivo, el transformarse físicamente en una mujer guapa.

Al término de sus estudios Jani trató de obtener un trabajo, presentó exámenes de oposición y obtuvo una de las primeras posiciones, sin embargo el gusto de tener ese espacio no le duró mucho, pues el programa para el que se postuló no progresó y debió dedicarse a otra actividad que le permitiera sobrevivir.

Así abrió una estética, pues aprendió a cortar el cabello mientras avanzaba en su transformación, aprendió a maquillarse a ella y a otras personas, a hacer todo tipo de trabajos relacionados con el tinte y el embellecimiento físico a través de este oficio, lo que le daba una oportunidad de ser independiente. Trabajando y atendiendo la enfermedad de su madre fue como Jani un día oyó de sus amigas sobre un novedoso tratamiento que le daría las formas físicas que ella tanto deseaba tener en la cadera. El aceite mineral, que de manera clandestina se vendía en la Farmacia París, en la ciudad de México, y el cual mediante un proceso de calentamiento a baño maría, aligeraba su consistencia para pasar a través de una aguja que lo introduciría al cuerpo.

“Yo había oído de las amigas que se inyectaban aceite, ¿pues de cuál aceite te inyectas? yo me inyecto aceite Menen, yo capullo, yo patrona, y dice otra yo traigo el radical iónico, no, el aceite mineral, lo traigo de México en la farmacia París. De esas pocas y contadas, las más divas de Xalapa son las que podían utilizar el aceite mineral que trajeron de la farmacia París. Cuando yo vi ya estaba en el ADO y en la TAPO, ¿dónde está la farmacia París? Y me da dos litros, no uno, dos, ten hermana, uno para que hagas negocio y otro pónmelo”.

Así cuenta ella el momento en que introdujo a su cuerpo la bomba de tiempo que trae en las caderas, partes de ella que siempre tienen un tacto caliente y duro, por la resistencia de su cuerpo a esta sustancia extraña, que incluso la propia Jani reconoce que le ha costado la vida y la salud, así como la belleza a otras de sus amigas. “No fue mucha cantidad lo que me pusieron, pero si lo tengo inserto, mis nalgas siempre están calientes, y no porque siempre esté pidiendo hombre (ríe) -mientras se levanta, da la espalda y muestra sus nalgas- los hombres siempre somos nalgones, pero tenemos aquí una pistolita que no se rellena, y eso fue lo que me rellenaron, siente, es una bomba de cuerpo” dice al tiempo que reconoce el riesgo de que enfrente una necrosis del tejido. Al momento de inyectarse no tuvo problemas ni reacciones, a diferencia de otras mujeres trans que al momento de entrar la sustancia en su cuerpo murieron, pues esta avanzó por las venas al corazón o al cerebro.

“Es un riesgo o me levanto muerta o me levanto buenona, y es un riesgo que te juegas porque es parte de la cultura, el chiste es que tengo que parecer mujer, porque estamos acostumbramos a que las mujeres debemos estar nalgoncitas y chichonas, si no estas nalgoncita y chichona no soy mujer, entonces tengo que cumplir ese estúpido estereotipo esa estupida exigencia que yo no entendía que tenía mi cuerpo bien, a la fecha no tengo consecuencia, pero te hablo de amigas que murieron en el momento o tiempo después que se les hizo esa necrosis que se les infiltra en el tejido carnoso”. “Necesito quitarme lo que tengo en el cuerpo, que es una bomba de tiempo que hasta ahorita no me ha hecho daño, pero no tarda, espero que no pase”, reconoce Jani, quien también dice que este no es el único riesgo, por el elevado número de crímenes de odio que existen en Veracruz. “Yo no me voy a morir ni de esto, lo que falta es que la gente tenga conciencia de que merecemos respeto y solo vamos a alcanzar un proceso de transformación clínico, medico psicológico adecuado si tenemos los recursos y no necesitamos que nos caigan del suelo, no estoy en holanda para que me paguen las prótesis ahorita, ni estamos en Chechenia para que estén haciendo la purga de la población gay”. Además del riesgo por el aceite mineral que porta en su cuerpo, Jani también reconoce la posibilidad de enfermar del hígado o los riñones por las hormonas que toma desde los 17 años y que sólo ha dejado por algunas temporadas. Este tratamiento lo ha llevado desde siempre sin acompañamiento profesional, sin hacerse análisis para conocer cuál es el estado de sus órganos y con el peligro latente de sufrir incluso un infarto por las consecuencias de las pastillas. ¿Y cuánto cuesta una transformación? La transición, nombre correcto que lleva el proceso de pasar de un sexo a otro o de modificar el cuerpo para expresarse en un género distinto puede variar en precios, pues se inicia con la ingesta de tratamientos hormonales que pueden ir desde los 100 a 300 pesos por una caja de pastillas o parches, los cuales se consumen cada mes.

El llevar a cabo la mastectomía -es decir el procedimiento quirúrgico para eliminar los senos- o el implante de mamas puede tener un costo de 40 mil pesos, mínimo, sólo en cuanto a la cirugía, sin contar con los gastos pre y post operatorios. Las depilaciones pueden tener costos por sesión de entre 600 y mil pesos, dependiendo el tipo de tratamiento que se utilice y existen otras que pueden llegar a ser aún más costosas, según la técnica de que se trate.

Mientras que procedimientos más complejos como la metadonoiplastía (cambio de vagina a pene) y la vaginoplastía (cambiar el pene a vagina), llegan a tener un costo de cerca de 80 mil pesos en la Ciudad de México, en clínicas especializadas para este tipo de servicios. La Condesa, una isla que no es para toda la gente En la Ciudad de México, específicamente en la Colonia Condesa, existe una clínica, impulsada por el Gobierno de la Ciudad, donde se da acompañamiento y atención a personas transgénero y transexuales, desde el aspecto médico hasta el psicológico. Es un espacio que ahora con la Clínica Iztapalapa ha representado un aliciente para la población que vive con el deseo de cambiar su identidad de género e incluso su sexo. Desde su apertura, ha atendido las necesidades de tratamiento hormonal y acompañamiento a personas trans, así como monitoreo de sus procesos quirúrgicos para garantizar que existen condiciones aptas para su evolución. Sin embargo estas bondades no son para toda la población, pues uno de los requisitos que exigen para brindar los servicios -que además son gratuitos- es que se compruebe la residencia en la Ciudad de México.



La corta vida de las personas trans Para una persona trans, los riesgos de muerte temprana van en aumento, pues de acuerdo con Silvia Susana Jácome, activista de la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Travesti, Transexual, Transgénero e Intersexual (LGBTTTI), la muerte por crímenes de odio, por infecciones de transmisión sexual y por padecimientos asociados a los tratamientos que llevan para la transición de sus cuerpos les llevan en muchos casos a morir antes de cumplir los 40 años. El médico especialista en Endocrinología, Mario Guillermo López Hernández, dijo que estos tratamientos deben ser atendidos y monitoreados por especialistas en endocrinología. Entre las consecuencias, además de los problemas cardiacos, existe una serie de riesgos asociados en la condición física de cada persona, pues sus propios antecedentes médicos familiares son determinantes de las consecuencias que pueda traer el uso de las hormonas, pues pueden detonar la aparición o aceleración de problemas como diabetes, cáncer de mama, trombosis, enfermedad reumática, problemas respiratorios, de hígado, embolias, aumento en la coagulación, incluso problemas psiquiátricos y la disminución de la lívido, si es que no se lleva un acompañamiento adecuado.

El acompañamiento emocional y psicológico El acompañamiento médico no es el único que se requiere para la transición deseada por hombres y mujeres trans para alcanzar su objetivo deseado, pues requieren además de un apoyo psicológico “no porque estén locos, no es una enfermedad, sino porque es necesario que lleven el apoyo de especialistas que atiendan sus necesidades emocionales y psicológicos durante la transición” expresó Silvia Susana Jácome García, quien ostenta una maestría en educación Sexual y es activista de la comunidad trans. Las necesidades de las personas trans son distintas, incluso unas de otras, pues existen quienes quieren vivir y expresarse en el género distinto y otras quienes aspiran a llegar al cambio de sexo, por lo que todas necesitan llevar un acompañamiento informado y con la perspectiva de género necesaria para apoyar esas transformaciones. Silvia Susana Jácome lamentó que en pleno 2018 aún existen psicólogos que atienden a pacientes y recomiendan a las familias que no fomenten el cambio de género o que “por ningún momento permita que su hijo juegue con muñecas o se ponga vestido” bajo el argumento de que “los van a confundir”.





Xalapa, Ver.- (AVC/Noemí Moreno y Brisa Gómez) Transformar el cuerpo para pasar de hombre a mujer o viceversa, implica un alto precio, incluso el riesgo de morir.

Hay costos económicos, sociales, familiares y hasta en la salud. En muchas ocasiones debe vivirse en soledad, con el riesgo de morir por los procedimientos no aprobados en la medicina.

Inyecciones de sustancias peligrosas, ingesta inadecuada de hormonas y hasta la aplicación de ungüentos aparentemente inofensivos, ha dejado secuelas en la vida de quienes han tratado de alcanzar el sueño de vivir en la identidad deseada.

El precio económico de la transformación podría parecer “barato” pues una caja de hormonas (anticonceptivos) puede encontrarse en las farmacias hasta en 80 pesos, sin embargo a la larga su ingesta prolongada puede detonar enfermedades cardiacas, hepáticas, renales y detonar problemas como diabetes o reumatismo, por mencionar las menos.


En el deseo de transformar el cuerpo, existen personas que se inyectan aceites minerales en el cuerpo para obtener cadera, nalgas o tornear las piernas, así como también quienes se untan pomadas en los testículos para lesionarlos y obtener atención en las instituciones de salud encaminada a su amputación.

Las instituciones, de manera oficial, a pesar de contar con especialistas aptos para atender el tema de la transexualidad, cierran los ojos al tema, pues aseguran que en sus instalaciones no se dan tratamientos, ni se practican cirugías estéticas -como las consideran- para implantar o quitar mamas, ni reasignar órganos genitales, al menos eso es lo que responden a través de transparencia en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), pues la Secretaría de Salud a nivel federal o estatal, simplemente no respondieron.


Jani, con una bomba de tiempo

El cuerpo de Jani es una bomba de tiempo. Para obtener caderas se inyectó aceite mineralizado. Partes de su cuerpo son calientes al tacto de forma de forma permanente. Sabe que es un riesgo de muerte, que es necesario retirar por completo esa sustancia, sin embargo quitarla también significaría perder la forma redondeada de su cadera.

Desde niña, última de siete hermanos, en una familia tradicional con una crianza religiosa, Jani siempre supo que era diferente. Nació con el cuerpo de un hombre, sin embargo su expectativa era ser una niña como las demás, como su hermana.


Durante su etapa escolar Jani sufrió agresiones todo el tiempo, enfrentó ataques e incluso discriminación, teniendo sólo como apoyo su ilusión de ser una mujer y llegar a casa donde a pesar de no ser libre de expresarse como quería, podía encontrar un espacio suyo. Su objetivo era llegar a la universidad y entregarle a su padre un título universitario, para que con ello pudiera tener elementos para ser libre, mantenerse y vivir la vida que le permitiera por fin expresarse como una mujer.

La situación económica, la obligaba a buscar siempre la manera de pagar sus estudios, algunas amigas suyas, mujeres trans, le ayudaron para pagar el examen de admisión, en otros casos se aplicaba en la escuela y conseguía con sus compañeros el pago por tareas o apuntes que le permitieran tener dinero hasta para comer mientras permanecía fuera de casa.


Para ese entonces, Jani ya había iniciado la transición de su cuerpo, pues había empezado a tomar hormonas, sin embargo esto sólo era un paso más para alcanzar su objetivo, el transformarse físicamente en una mujer guapa.


Al término de sus estudios Jani trató de obtener un trabajo, presentó exámenes de oposición y obtuvo una de las primeras posiciones, sin embargo el gusto de tener ese espacio no le duró mucho, pues el programa para el que se postuló no progresó y debió dedicarse a otra actividad que le permitiera sobrevivir.


Así abrió una estética, pues aprendió a cortar el cabello mientras avanzaba en su transformación, aprendió a maquillarse a ella y a otras personas, a hacer todo tipo de trabajos relacionados con el tinte y el embellecimiento físico a través de este oficio, lo que le daba una oportunidad de ser independiente.

Trabajando y atendiendo la enfermedad de su madre fue como Jani un día oyó de sus amigas sobre un novedoso tratamiento que le daría las formas físicas que ella tanto deseaba tener en la cadera. El aceite mineral, que de manera clandestina se vendía en la Farmacia París, en la ciudad de México, y el cual mediante un proceso de calentamiento a baño maría, aligeraba su consistencia para pasar a través de una aguja que lo introduciría al cuerpo.


“Yo había oído de las amigas que se inyectaban aceite, ¿pues de cuál aceite te inyectas? yo me inyecto aceite Menen, yo capullo, yo patrona, y dice otra yo traigo el radical iónico, no, el aceite mineral, lo traigo de México en la farmacia París. De esas pocas y contadas, las más divas de Xalapa son las que podían utilizar el aceite mineral que trajeron de la farmacia París. Cuando yo vi ya estaba en el ADO y en la TAPO, ¿dónde está la farmacia París? Y me da dos litros, no uno, dos, ten hermana, uno para que hagas negocio y otro pónmelo”.


Así cuenta ella el momento en que introdujo a su cuerpo la bomba de tiempo que trae en las caderas, partes de ella que siempre tienen un tacto caliente y duro, por la resistencia de su cuerpo a esta sustancia extraña, que incluso la propia Jani reconoce que le ha costado la vida y la salud, así como la belleza a otras de sus amigas.

“No fue mucha cantidad lo que me pusieron, pero si lo tengo inserto, mis nalgas siempre están calientes, y no porque siempre esté pidiendo hombre (ríe) -mientras se levanta, da la espalda y muestra sus nalgas- los hombres siempre somos nalgones, pero tenemos aquí una pistolita que no se rellena, y eso fue lo que me rellenaron, siente, es una bomba de cuerpo” dice al tiempo que reconoce el riesgo de que enfrente una necrosis del tejido.

Al momento de inyectarse no tuvo problemas ni reacciones, a diferencia de otras mujeres trans que al momento de entrar la sustancia en su cuerpo murieron, pues esta avanzó por las venas al corazón o al cerebro.


“Es un riesgo o me levanto muerta o me levanto buenona, y es un riesgo que te juegas porque es parte de la cultura, el chiste es que tengo que parecer mujer, porque estamos acostumbramos a que las mujeres debemos estar nalgoncitas y chichonas, si no estas nalgoncita y chichona no soy mujer, entonces tengo que cumplir ese estúpido estereotipo esa estupida exigencia que yo no entendía que tenía mi cuerpo bien, a la fecha no tengo consecuencia, pero te hablo de amigas que murieron en el momento o tiempo después que se les hizo esa necrosis que se les infiltra en el tejido carnoso”.

“Necesito quitarme lo que tengo en el cuerpo, que es una bomba de tiempo que hasta ahorita no me ha hecho daño, pero no tarda, espero que no pase”, reconoce Jani, quien también dice que este no es el único riesgo, por el elevado número de crímenes de odio que existen en Veracruz.

“Yo no me voy a morir ni de esto, lo que falta es que la gente tenga conciencia de que merecemos respeto y solo vamos a alcanzar un proceso de transformación clínico, medico psicológico adecuado si tenemos los recursos y no necesitamos que nos caigan del suelo, no estoy en holanda para que me paguen las prótesis ahorita, ni estamos en Chechenia para que estén haciendo la purga de la población gay”.

Además del riesgo por el aceite mineral que porta en su cuerpo, Jani también reconoce la posibilidad de enfermar del hígado o los riñones por las hormonas que toma desde los 17 años y que sólo ha dejado por algunas temporadas. Este tratamiento lo ha llevado desde siempre sin acompañamiento profesional, sin hacerse análisis para conocer cuál es el estado de sus órganos y con el peligro latente de sufrir incluso un infarto por las consecuencias de las pastillas.


¿Y cuánto cuesta una transformación?

La transición, nombre correcto que lleva el proceso de pasar de un sexo a otro o de modificar el cuerpo para expresarse en un género distinto puede variar en precios, pues se inicia con la ingesta de tratamientos hormonales que pueden ir desde los 100 a 300 pesos por una caja de pastillas o parches, los cuales se consumen cada mes.


El llevar a cabo la mastectomía -es decir el procedimiento quirúrgico para eliminar los senos- o el implante de mamas puede tener un costo de 40 mil pesos, mínimo, sólo en cuanto a la cirugía, sin contar con los gastos pre y post operatorios.

Las depilaciones pueden tener costos por sesión de entre 600 y mil pesos, dependiendo el tipo de tratamiento que se utilice y existen otras que pueden llegar a ser aún más costosas, según la técnica de que se trate.


Mientras que procedimientos más complejos como la metadonoiplastía (cambio de vagina a pene) y la vaginoplastía (cambiar el pene a vagina), llegan a tener un costo de cerca de 80 mil pesos en la Ciudad de México, en clínicas especializadas para este tipo de servicios.


La Condesa, una isla que no es para toda la gente

En la Ciudad de México, específicamente en la Colonia Condesa, existe una clínica, impulsada por el Gobierno de la Ciudad, donde se da acompañamiento y atención a personas transgénero y transexuales, desde el aspecto médico hasta el psicológico.

Es un espacio que ahora con la Clínica Iztapalapa ha representado un aliciente para la población que vive con el deseo de cambiar su identidad de género e incluso su sexo.

Desde su apertura, ha atendido las necesidades de tratamiento hormonal y acompañamiento a personas trans, así como monitoreo de sus procesos quirúrgicos para garantizar que existen condiciones aptas para su evolución.

Sin embargo estas bondades no son para toda la población, pues uno de los requisitos que exigen para brindar los servicios -que además son gratuitos- es que se compruebe la residencia en la Ciudad de México.


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La corta vida de las personas trans

Para una persona trans, los riesgos de muerte temprana van en aumento, pues de acuerdo con Silvia Susana Jácome, activista de la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Travesti, Transexual, Transgénero e Intersexual (LGBTTTI), la muerte por crímenes de odio, por infecciones de transmisión sexual y por padecimientos asociados a los tratamientos que llevan para la transición de sus cuerpos les llevan en muchos casos a morir antes de cumplir los 40 años.

El médico especialista en Endocrinología, Mario Guillermo López Hernández, dijo que estos tratamientos deben ser atendidos y monitoreados por especialistas en endocrinología.

Entre las consecuencias, además de los problemas cardiacos, existe una serie de riesgos asociados en la condición física de cada persona, pues sus propios antecedentes médicos familiares son determinantes de las consecuencias que pueda traer el uso de las hormonas, pues pueden detonar la aparición o aceleración de problemas como diabetes, cáncer de mama, trombosis, enfermedad reumática, problemas respiratorios, de hígado, embolias, aumento en la coagulación, incluso problemas psiquiátricos y la disminución de la lívido, si es que no se lleva un acompañamiento adecuado.


El acompañamiento emocional y psicológico

El acompañamiento médico no es el único que se requiere para la transición deseada por hombres y mujeres trans para alcanzar su objetivo deseado, pues requieren además de un apoyo psicológico “no porque estén locos, no es una enfermedad, sino porque es necesario que lleven el apoyo de especialistas que atiendan sus necesidades emocionales y psicológicos durante la transición” expresó Silvia Susana Jácome García, quien ostenta una maestría en educación Sexual y es activista de la comunidad trans.

Las necesidades de las personas trans son distintas, incluso unas de otras, pues existen quienes quieren vivir y expresarse en el género distinto y otras quienes aspiran a llegar al cambio de sexo, por lo que todas necesitan llevar un acompañamiento informado y con la perspectiva de género necesaria para apoyar esas transformaciones.

Silvia Susana Jácome lamentó que en pleno 2018 aún existen psicólogos que atienden a pacientes y recomiendan a las familias que no fomenten el cambio de género o que “por ningún momento permita que su hijo juegue con muñecas o se ponga vestido” bajo el argumento de que “los van a confundir”.