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Lunes 11 de diciembre de 2017
"Hacedoras de lugares"

Actualizado: 2017-11-15
“HACEDORAS DE LUGARES”

Por: Harmida Rubio Gutiérrez

Mujeres que saben latín

La ciudad se construye de muchas maneras: desde las personas especializadas en los aspectos técnicos de la planeación (en su mayoría hombres), desde los gobiernos a través de gente que toma las decisiones de la construcción de los principales edificios públicos y acerca del modelo de ciudad (en su mayoría hombres), desde la ciudad informal, aquellas construcciones generalmente de autoconstrucción que se dan en las zonas más desfavorecidas de la ciudad por falta de recursos (hombres y mujeres), y entre muchas otras más, desde las pequeñas acciones en lugares estratégicos de la ciudad, para recuperar la vida de los barrios, tener parques para las niñas y niños, convertir una calle insegura en un lugar agradable y libre, etc. (en su gran mayoría mujeres).
“Hacer lugar” (en inglés Placemaking) se hace llamar ahora dentro del argot urbanístico, a la serie de acciones comunitarias para recuperar los lugares y hacerlos más dignos para sus habitantes.
Por ejemplo: en Valparaíso Chile, hace unos 4 años hubo un incendio que se extendió por varios de los cerros más desfavorecidos de la ciudad, la gente perdió sus casas y sus lugares de encuentro. Un grupo de arquitectas jóvenes, llegó al lugar y comenzó a trabajar para recostruir la casa de una abuela que era muy querida por la comunidad. Las personas del lugar, en su mayoría mujeres, al ver el gran trabajo que las arquitectas habían hecho en la casa de esta mujer, con pocos recursos pero con muy buenas soluciones técnicas, se unieron con ellas para crear una Ludoteca, en ese barrio que no tenía parques ni espacios en los que las y los niños jugaran. Este grupo de activistas de la ciudad se llama “Minga Valpo” y siguen manteniendo viva la ludoteca junto a madres y padres que cuidan ese espacio porque lo construyeron en conjunto.
Como esta acción colectiva existen muchas en todo el mundo, y más aún en Latinoamérica, donde los gobiernos no han sido capaces de atender a las necesidades específicas de los grupos más marginados. Así que la sociedad civil se organiza para lograr aquello que necesita. La cuestión está en que las personas que más participan en estas iniciativas son las mujeres. Hacen faena, limpian las calles, pintan los muros, clavan la madera, construyen columpios con llantas, dan de comer a los y las voluntarias, y cuidan del espacio cuando ya está construido y lo mantienen. Pero una vez más, el trabajo de ellas y sus necesidades como mujeres no son centrales en la mayoría de las acciones. Estas “hacedoras de lugares” se preocupan por las y los niños de su comunidad, por la economía local, por la seguridad de su barrio, por las personas de la tercera edad, pero rara vez, por sus deseos y anhelos personales como mujeres. Como dicen las urbanistas feministas del “Colectiu punt 6”, las mujeres seguimos teniendo el papel de las principales cuidadoras de otras personas, y nuestras necesidades no están cubiertas en la ciudad.
Así pues, como sociedad tenemos varios asuntos pendientes con las “hacedoras de lugares”. En primer lugar, reconocer su trabajo y su presencia, hacer ver que son las mujeres de los barrios y las comunidades las principales involucradas en mejorar la vida de sus vecindarios. En segundo lugar, escucharlas y trabajar también con las necesidades y deseos de ellas como mujeres y como personas; y en tercer lugar, aprender de estas nuevas maneras de construir las ciudades, que tienen en cada piedra, ladrillo y cortina, una huella del modelo de ciudad que las personas anhelan.
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