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Miércoles 13 de diciembre de 2017
Calambres y una foto patética

Actualizado: 2017-04-20
Desde el Café

Calambres y una foto patética

Bernardo Gutiérrez Parra

Un comentarista de radio dijo ayer que es seguro que varios miembros del ex gabinete de Javier Duarte estén adelgazando por la zozobra de no saber cuándo les caerá el fregadazo de la justicia.

¿Se imaginan la incertidumbre que deben estar sufriendo? Dijo con cierto tono festivo.

Ignoro si quienes saben que están embarrados en el ajo comen de más o de menos, pero eso es intrascendente. Lo que sí es seguro es que han de tener los nervios de punta, ataques de ansiedad, taquicardias, mal humor y problemas de insomnio.

Si bien Javier Duarte no va desenmascarar a los peces gordos de arriba, sí embarrará a quienes fueron sus colaboradores directos.

El tipo no pasará solo y su alma los años que le empujen en prisión. Hubo muchos cómplices que lo ayudaron en el atraco y ellos lo acompañarán.

La PGR dice que Duarte comenzó a robar desde el primer mes de su gobierno, pero una leyenda urbana asegura que hubo quienes lo hicieron desde antes.

Esta leyenda cuenta que, como encargada de comunicación en la campaña de Javier Duarte, la periodista Gina Domínguez Colío recibió en su casa cajas de huevo repletas de dinero para repartirlo entre los dueños de los medios de comunicación. Pero que fueron ínfimas las cantidades que llegaron a éstos.

Gina ha dicho que está libre de culpa y dispuesta a comparecer ante las autoridades. Y bueno sería que éstas le tomaran la palabra.

Es casi seguro que el nombre de la periodista salga a relucir cuando Duarte declare ante la PGR. Como también saldrán los nombres de varios diputados federales que están más preocupados por ver quién los ayuda en este trance que les puede costar su libertad, que por legislar.

A todos se les acabará el fuero el año próximo (con excepción de Tarek Abdalá que al parecer lo perderá este mes) y desde ahorita deben estar buscando un país que no tenga tratado de extradición con el nuestro para ver si así la libran.

Al menos siete de los legisladores veracruzanos saben que una vez que se les termine el fuero comenzará su pesadilla. Y la zozobra debe tenerlos insomnes, sin comer y de un humor de los mil diablos.

También deben tener calambres no uno, ni dos ni tres, sino decenas de sujetos y sujetas que con cargo en el gabinete o sin él, tuvieron que ver con el saqueo a Veracruz.

Otra que sin duda será llamada a cuentas es Karime Macías Tubilla, a quien a la hora de escribir esta columneja unos la hacían en Colombia y otros en Inglaterra.

Karime sabe que más temprano que tarde tendrá que sentarse en un banquillo como en el que se sentó este miércoles su marido.

Si en este momento tiene protección por algún acuerdo que haya hecho Javier Duarte con el gobierno federal, ese acuerdo quedará sin efecto el 1 de diciembre del 2018 llegue quien llegue a la presidencia de la República.

La foto

Si la caída que sufrió Javier Duarte en la jaula móvil de una patrulla la hubiera sufrido cuando era gobernador, decenas de brazos se habrían estirado para brindarle ayuda y el titular de la Coordinación de Comunicación Social, habría actuado con diligencia para que ni el video ni las gráficas se publicaran en medio alguno.

Pero este miércoles todo fue diferente. Javier Duarte fue literalmente lanzado por los policías guatemaltecos sobre la patrulla para evitar que la turba de reporteros, fotógrafos y camarógrafos lo estrujaran.

Pero la ayuda resultó contraproducente; producto del aventón el ex gobernador cayó de espaldas sobre el pasillo de la jaula y el flashazo fue instantáneo.

La foto que dio la vuelta al mundo lo muestra tirado con las piernas abiertas y enseñando la barriga. Y es que uno de los botones de la camisa salió disparado por la presión del vientre.

Periodísticamente la foto es formidable, pero la imagen del ex gobernador es patética y denigrante.

Quien hace apenas unos meses se paseaba por Veracruz arrogante y enfundado en carísimos trajes Savile Row, Kiton, Zegna y Brioni (entre 22 mil y 60 mil pesos cada uno), lucía en el suelo con las manos esposadas a la espalda, un chaleco antibalas y vistiendo una camisa a cuadros, pantalones de mezclilla y unos zapatos de suela tosca color café.

Seguramente ni en la peor de sus pesadillas imaginó verse en una situación tan humillante.

La foto lo muestra impotente, pero sobre todo, extraordinariamente solo.
Y es que esta vez no hubo un ayudante, un ujier o un guarura que le tendiera la mano para levantarlo.

bernardogup@hotmail.com


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