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Martes 27 de junio de 2017
Bienio azul. Veracruz negro

Actualizado: 2017-03-22
Crónicas urgentes

Bienio azul. Veracruz negro

Claudia Constantino.

Ver de tan cerca a la muerte no es cosa menor. Este fin de semana en Veracruz ha habido un acercamiento muy íntimo con ella.

No lo digo porque haya muerto mi madre, en la ciudad de Xalapa, a los 75 años, y con seis infartos cerebrales en un año.

Lo digo por todas las familias con menos suerte que yo, pero que, con la misma oscura fuerza, han perdido a un ser querido. A ellos, la muerte se los arrebató a balazos.

Los desapareció, para luego ir a tirarlos en una fosa clandestina, de las tantas que hay por todo el estado, al lado de decenas de otros cráneos, de quién sabe quién.

Ver a la muerte con naturalidad es algo que ya no se le puede pedir a los veracruzanos, ni a los padres de todos esos jóvenes ultimados en situaciones que nunca han sido aclaradas, como en el caso de Iliana Mendoza y su novio, baleados en la ciudad de Córdoba hace dos semanas, y tantos casos parecidos.

Ni tampoco se le puede pedir a los padres de los jóvenes desaparecidos, cuyos retratos se exhiben en espectaculares que ofrecen millón y medio de recompensa por parte de la autoridad, si se dan datos que ayuden a dar con ellos, vivos o muertos.

Es imposible pedirlo a los familiares de los periodistas asesinados.

El más reciente, Ricardo Monluí Cabrera, masacrado frente a su familia.

La muerte, en este Veracruz enlutado tiene múltiples caras. Lo mismo de oriundos de este estado negro, como de visitantes que encontraron aquí su fin, como la familia originaria de Querétaro, quienes se presume han aparecido en la fosa de El Arbolillo, en Alvarado, según anunció el fiscal Jorge Winclker, en conferencia de prensa.

Hace meses advertía que era muy ingenuo pensar que el gobernador Yunes cumpliría todas sus promesas de campaña, pero las que se antojaban indispensables de cumplir eran sin duda, todas las que tenían que ver con seguridad.

Se sabía que mantener a raya a los grupos delincuenciales era una labor titánica, pero Miguel Ángel Yunes insistió en que sabía cómo hacerlo.

Tarde, vemos que no; que la violencia y la delincuencia en Veracruz están desatadas, y no tienen control sobre ello ni el gobernador ni las corporaciones policiacas, ni la tal gendarmería. Los veracruzanos hoy se saben y viven a merced de los criminales.

El bienio panista, supuestamente, traería un respiro a los veracruzanos; aún no lo vemos.

Los detractores del yunismo señalan que, siendo la seguridad el tema más apremiante, al gobernador le importa más la reestructuración de la deuda, que le aseguraba más recursos y que ya ha logrado negociar con los opositores priistas, pese al voto en contra de Morena.

Seguidas de eso, las campañas, que le permitan hacerse de los cincuenta municipios más importantes, asegurándole una mejor posición política, lo que sería de gran ayuda para su sueño continuista. Así que el imperio de la muerte ni lo asusta, ni lo ocupa.

Al menos no de manera prioritaria.

Pero quienes tenemos buena memoria, confiamos en que los veracruzanos ya aprendieron a castigar con su voto a quienes les mienten, les prometen y no les cumplen, a quienes les dan atole con el dedo o los utilizan para fines personales, alejados del verdadero bien común y el avance del estado.

Este año, los ciudadanos volverán a ejercer su derecho al voto, y lo mismo el siguiente.

Se dijo que, después de Javier Duarte, cualquier cosa que siguiera sería mejor, pero no está resultando tan simple la ecuación.

Parece que, felizmente, los veracruzanos no se conformarán con tan poco, especialmente porque sí se están abriendo otras opciones.

Hay una evidente falta de sensibilidad ante el hecho de que Veracruz está de luto.

Se minimiza que muchas familias veracruzanas lo están. Desde el dolor se gestan otras fuerzas que no hay que desdeñar ni perder de vista, porque quien gobierna se puede llevar una desagradable sorpresa.

Hasta aquí, muchos muertos después del cambio de administración estatal, los veracruzanos siguen esperando un poco de paz, más seguridad, algunos avances, aunque sea incipientes, en materia económica y de desarrollo.

Pero sobre todo, que al bienio azul no se le olviden sus muchas promesas, sus cuentas alegres y el mensaje de sobrada experiencia que, durante toda la campaña del gobernador, se envió a la opinión pública. Memoria.

Al bienio azul-amarillo le falla la memoria, y así se olvida de lo más preciado: la vida, que en Veracruz llega a su fin para alguien, todos los días, de la peor manera. Cualquier comentario para esta columna enlutada a: aerodita_constantino@hotmail.es
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