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Martes 12 de diciembre de 2017
El llamado lenguaje incluyente es un atentado contra el castellano

Actualizado: 2017-03-13
FELIPE DE JESÚS FERNÁNDEZ BASILIO

DESDE A JANELA

El LLAMADO LENGUAJE INCLUYENTE ES UN ATENTADO CONTRA EL CASTELLANO.

Esta semana estuve frente a un dilema que fue de capital importancia para quien suscribe estas líneas; ya que por un lado se cumplieron los cien días del gobernador, tema que es importante, porque según los cánones del periodismo es la fecha en que se debe de hacer el primer balance acerca del gobernante en turno y sí es importante ese tema y con gusto lo vamos a analizar; pero lo haremos en la próxima entrega, a pesar de que va en contra de la megalomanía del gobernador local, mas ahora debemos de plegarnos ante un tema de mayor importancia, ya que en esta semana se conmemoró el día internacional de la mujer y eso me obliga a dedicar unas líneas a ese tema, dejando para la próxima semana el tema de Yunes Linares.

Hecha esa aclaración, queridos lectores (y sobre todo lectoras), hablaremos de lo que es el verdadero valor de la equidad de género en lo que respecta al habla en castellano.

En primer lugar debemos de decir que la especie humana, al igual que muchas otras, es una sola y por esa razón todos los individuos que formamos parte de esta especie tenemos exactamente los mismos derechos y las mismas obligaciones a las que nuestras propias circunstancias personales nos obligan y eso es algo que siempre debemos de tener en cuenta.

Y sí, debemos de conmemorar la igualdad entre los géneros, porque es algo que en verdad existe y debemos de velar por el absoluto respeto a la máxima que nos dice que un individuo, sin importar su género o su condición, es igual ante la ley y ante la sociedad a cualquier otro y que a su vez es sujeto de derechos y obligaciones, mismos que se actualizan de acuerdo a su andar en la vida y es importante resaltar el hecho de que el individuo es el titular de esos derechos y obligaciones, los cuales se verificarán acorde a las circunstancias personales de cada persona, sin importar su género o condición personal.

Es decir, nadie es superior a otra persona o sea: “Todos los individuos somos iguales (y debemos de serlo) ante la ley”, y eso aplica sin importar el género o la condición social.

Y ya que hablamos de género, diremos que esa es la primera división que el humano de acuerdo a su entender llevó a cabo, ya que a partir de la disposición de los genitales en los miembros de una comunidad ( ya sea internos o externos), se hizo una primera división de todos los asuntos cotidianos, es decir, se clasificaron las situaciones en que si son masculinas o femeninas y eso lo podemos ver en el lenguaje y en las clasificaciones básicas de la ciencia; lo que nos lleva a comprender el método científico actual, ya que la primera clasificación informática es binaria, o sea de unos y ceros.

Es decir, el entendimiento humano se basa en divisiones, así es nuestra naturaleza, de hecho ya antes de los unos y los ceros, clasificábamos las cosas entre femenino y masculino.

Pero esa clasificación sólo es importante para comprender las situaciones que nuestro andar en la vida nos presentan, es decir se trata de una manera de entender el universo que nos rodea y no de discriminar a nadie.

Por lo tanto no debemos de espantarnos por las cuestiones de género que se presentan en el lenguaje, ni mucho menos debemos de tolerar las aberraciones que las autoridades nos quieren imponer, según ellas en aras de utilizar “un lenguaje correcto y sin discriminación”, ya que lo único que hacen es atentar contra la belleza del castellano, la lengua que hablamos y que por lo mismo debemos de perseverar en su uso correcto.

Me explico, el lenguaje como toda actividad humana distingue entre tres géneros, los dos ya conocidos y uno neutro entre ambos, de hecho las lenguas antiguas tenían esos tres géneros y algunas modernas todavía los conservan; de las que están más cercanas a la nuestra, tenemos que el griego actual distingue explícitamente esos tres géneros, mientras que el alemán lo hace parcialmente y las lenguas romances o sea las que son derivadas del latín, como la nuestra (el cual sí distinguía esos tres géneros), lo hacen de una manera más sutil, es decir con el uso de artículos y no afectando a toda la oración y sin por ello discriminar o hacer menos a determinado género.

Pero vayamos por partes, nuestra clasificación binaria denominó a las diversas situaciones en los géneros ya comentados, y ello llevó entre otras cosas a la construcción del lenguaje clasificando las denominaciones de acuerdo a esa división, de lo que tenemos que existen frases como “la casa” (femenino) o “el terreno” (masculino), las cuales se distinguen por su terminación en “a” las femeninas y en “o” las masculinas; sin embargo hay palabras que heredamos del latín y que son neutras (ni de un género ni del otro), tales como Presidente, General, Fiscal, Juez; entre otras muchas y que no terminan en esas letras, sino en una diversa (generalmente consonante); las cuales no pertenecen a ninguno de los dos géneros y por lo tanto entran en el tercero, es decir: son neutras (no reconocidas formalmente como tales por nuestra lengua) y su inclinación hacia cualquiera de los dos géneros se determina por el artículo que les precede, lo cual es una consecuencia de la simplificación del conocimiento hecho por los humanos, ya que se comprendió que era más eficiente adecuar el habla por medio de preposiciones que con el sistema de terminaciones que caracterizaba a las lenguas antiguas.

Sin embargo hoy en día se pretende crear un lenguaje artificial, so pretexto de ser incluyente, y que recomienda usar las expresiones de “ la presidenta”, “la generala”, “la fiscala”, “la jueza” palabras que no solo suenan feo, sino que tienen un nulo soporte lingüístico, ya que como se dijo antes; simple y llanamente no existen en castellano, porque son neutras y perfectamente se pueden expresar por medio del artículo que las precede, es decir “el presidente o la presidente”, “ el general o la general”, “el fiscal o la fiscal”, “el juez o la juez”; sin menospreciar o degradar a alguien por su género; es decir, es solamente adecuar por medio de preposiciones el género de las palabras que en latín eran neutras y que en castellano no son admitidas en los géneros que reconoce.

¡No nos hagamos bolas ni destruyamos nuestro idioma!, ya que tenemos la solución gramatical para adaptar a nuestras necesidades las palabras que en latín eran neutras con el correcto uso de los artículos y sin tener que inventar palabras que no solo no existen, ¡sino que además son horrendas!

Por eso, no hay nada mejor para conmemorar el día internacional de la mujer que respetar a fondo la igualdad entre todos los humanos, sin importar su género o condición y eso bien se puede hacer sin atentar contra el buen uso de nuestro idioma: el castellano.





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