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Lunes 26 de junio de 2017
Iris, Lorena y Gertrudis, 230616

Actualizado: 2017-03-07
“DEBO NO NIEGO; PAGO LO JUSTO”
María Teresa Carbajal Vázquez

• Capítulo: Iris, Lorena y Gertrudis, 230616

Últimamente hemos estado escuchando y cada vez con mayor frecuencia, la aparición de un esquema de “inversión” con denominaciones variadas como: Telares, Flor de la Abundancia, Células de gratitud, Bolas solidarias, Círculo de la Prosperidad y Rueda de la Amistad; por mencionar algunas, de las que la misma Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF) ha tenido conocimiento. E incluso mediante su comunicado número 044 de fecha 15 de mayo de este año, emitido en la Ciudad de México, ha hecho un llamado a la ciudadanía para ser prudentes y no arriesgarse a participar en esos sistemas.
El éxito de éstas “pirámides” ha sido la promesa de dinero fácil y rápido. ¿Qué tienes que hacer? o ¿Cómo funciona? Bueno, pues resulta que este popular sistema, opera de la siguiente forma: una persona u organizador recluta a dos personas de apoyo, y esas dos personas a su vez reclutan a dos más (cada uno), y así sucesivamente. Todas las personas que entran, deben dar una aportación que se entrega al organizador –que es quien está en la cima de la pirámide- posteriormente los demás subirán de nivel hasta ser beneficiados con el dinero. Cada persona llama a su aportación “regalo”.
Para que este sistema se mantenga, se requiere que la cadena no se rompa y que entren mas y mas “inversionistas” y por supuesto, que éstos vayan aportando sus “regalos”. Sin embargo por lógica matemática llega un momento en que esa cadena o “pirámide” es insostenible, y al romperse la cadena se genera que quienes aportaron el dinero al final, ya no podrán recuperarlo.
Los grandes perdedores del “Telar” o “Flor de la Abundancia” –nombres más frecuentes con que se conoce a los esquemas piramidales aquí en el estado de Veracruz-, no pueden ser defendidos por la Condusef, ni por la Profeco, ni por ninguna otra Institución; dado que estos esquemas no se encuentran legalmente regulados al no ser una entidad financiera ni una figura legalmente reconocida. ¿Y qué es esto? Es una vil estafa.
Un estafa, en la que quienes participan, terminan perdiendo no sólo su dinero, sino su tranquilidad, y los vínculos familiares y comunitarios, de confianza y afecto dejando lastimados a los seres queridos que involucraron o forzaron a participar con la promesa de ganar un buen dinero.
Y esto, porque no sólo ellos mismos (los participantes originales) hacen ‘castillos en el aire’ al creer en que aportando por ejemplo veinte mil pesos recibirán ciento sesenta mil en un máximo de tres a cuatro semanas.
En la primera etapa, -que es la de ingreso-, si es que no cuentan con el dinero para ‘entrar’ –que es lo más común- lo consiguen prestado con financieras o usureros que por supuesto se los prestarán con intereses, que deberán pagar ganen o pierdan en el juego de la pirámide.
En una segunda etapa, deberán reclutar a dos personas que aporten otros veinte mil pesos cada una, y ¿a quienes se recurre en primer término a invitar? a los familiares más cercanos, hijos, padres, hermanos y primos. Y si ellos no fueran opción se recurre también a la comadre, a la vecina, al compañero de trabajo o al jefe, etcétera, invitándolos o más bien ‘manipulándolos’ como en un principio quien invita fue convencido de participar.
Y si el invitado acepta, a su vez invitará a otros bajo el mismo mecanismo. El éxito del modus operandi, es que la invitación siempre vendrá de alguien en quien confiamos y apreciamos, alguien que creemos no nos llevará a poner en riesgo nuestro patrimonio, sobre todo porque para acabar de convencer muchas veces se hace al invitado partícipes de una ‘ceremonia’ en donde ven a alguien recibir el dinero. Y, al suceder viene el encono y el coraje hacia esa persona por habernos engañado, y así sucesiva o piramidalmente se romperán vínculos familiares, afectivos, llegando en algunos casos a trincheras legales.
Y con el relato de esta amarga experiencia y el arrepentimiento traducido en lágrimas, recibí esta semana en la oficina del Barzón RC a Iris, Lorena y Gertrudis, ellas son habitantes de una comunidad cercana a la capital del estado, un lugar en el que se respira a plenitud el aire puro, combinado con fuertes notas de café, teniendo como escenario el ininterrumpido verdor de la vegetación local; un lugar que al conocerse y por la sencillez con la que parece transcurrir la vida de los habitantes, se llega a pensar, que si se vive ahí, no se necesita casi nada más para ser feliz.
Desafortunadamente, ellas buscaban una mejoría económica para su familia, y cayeron en la ‘trampa’; pues con la mirada fija en los pétalos de la ‘Flor de la Desgracia’ quedaron atrapadas entre las espinas. Perdieron su tranquilidad y su paz personal en menoscabo de su salud, sus matrimonios están en riesgo, viven en constante miedo y zozobra, al temer por la integridad de sus esposos y de sus hijos, pues sus más cercanas amistades, y vecinos, sin contar a sus propios familiares -a quienes ellas invitaron y convencieron a beneficiarse con esta irresistible oportunidad de hacer un “buen negocio”- salieron defraudados y endeudados, y ahora les reclaman a ellas su dinero.
¡Por favor tenga cuidado! Sea prudente y precavido, ya se lo dijo la Condusef, la Profeco y ahora se lo reitera el Barzón RC. No confié su dinero, en nadie ajeno o diverso de las entidades que forman parte del sistema bancario y del sector financiero formal y que por tanto están reguladas por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y en otros casos por la Condusef, lugares autorizados que cuentan con seguros y su dinero está protegido.
Y siendo así, usted sabe de lo que le hablo cuando se trata de hacer reclamaciones por cobros indebidos, cargos no autorizados, robo de identidad, simples aclaraciones, y cobro de comisiones indebidas, ¡el calvario que uno vive, para que proceda la queja!, ahora imagínese en un Telar… o en una Pirámide…
No lo haga. Mire, la Ley de Instituciones de Crédito es clara en señalar que nadie, ninguna persona física o moral, puede captar directa o indirectamente recursos del público en territorio nacional, mediante la celebración de operaciones de depósito, préstamo, crédito o mutuo o cualquier otro acto causante de pasivo directo o contingente exceptuándose de esta disposición las personas que se señalan en el artículo 103 de la misma Ley.
Y así, le podría recitar una serie de disposiciones que hablan de prohibiciones, sanciones y delitos, a quienes queriendo hacer algo bueno, terminan en problemas; y con eso de que el desconocimiento de las leyes no siempre nos exime de responsabilidad, se agrava la situación. Podría, pero me concretaré a decir, que si esto funcionara, no cree usted: que ya se le hubiera ocurrido a los que sí tienen permiso de prestar dinero ‘en territorio nacional’ (diría la rimbombante disposición legal). Piénselo, y nos vemos en la próxima.


Contacto elbarzonrc@yahoo.com.mx, @terecarbajal


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