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Martes 12 de diciembre de 2017
Capítulo: Rigoberto, 300616

Actualizado: 2017-02-09




“DEBO NO NIEGO; PAGO LO JUSTO”

María Teresa Carbajal Vázquez

• Capítulo: Rigoberto, 300616

La joven vida de Rigoberto transcurre en el Municipio de Totutla, Veracruz, lugar que colinda con Tlaltetela y Huatusco, y que se ubica apenas a cuarenta kilómetros de la capital del Estado. Él es comerciante y se dedica a la venta de comida rápida, ingreso con el que sostiene a su familia.
Para capitalizar su negocio, apenas en noviembre del año dos mil quince, se le ocurrió pedir un préstamo a una financiera con fuerte presencia en la zona rural donde vive; dicha financiera se promueve a sí misma como una empresa amiga, que obedece a valores como el respeto, la confianza, y la justicia, y su mercado principal es aquella parte de la población, que no tiene acceso a los servicios y productos bancarios tradicionales. Precisamente, como Rigoberto.
La dinámica de este tipo de entidades financieras para acceder a un crédito como el que Rigoberto solicitó; es que tienes que empezar, aportando una cantidad a la que le denominan “ahorro”, cantidad que si no la tienes, la debes conseguir prestada con el respectivo pago de intereses. Y además, debes de proporcionar a un “buen aval” que tenga propiedades para responder del préstamo, por lo que Rigoberto pensó en su abuelo Pedro, un hombre mayor de setenta años cuya única propiedad es, la casa donde vive, y quien aceptó ser aval por ayudar a su nieto.
Así Rigoberto, previo depósito de su “ahorro” en la financiera y la firma de su abuelo Pedro como aval, ésta le entregó cuarenta y cinco mil pesos, obligándose a pagar sobre la cantidad prestada aproximadamente veinticinco mil pesos de intereses; siempre y cuando se mantuviera puntual, sin un solo día de atraso, en el cumplimiento del pago pactado, haciéndosele un total de casi setenta mil pesos por el préstamo, a pagar en año y medio.
Como era de esperarse ante un pago mensual tan alto y sin conocer claramente los intereses diarios generados por atrasarse en el pago, que se sumarían al pago final de los setenta mil pesos. Falló una vez y de ahí, como en ‘cascada’ se le vinieron encima los intereses.
Comenzó entonces la cobranza abusiva, con llamadas telefónicas intimidantes, visitarlo diariamente en su casa para recordarle la deuda y decirle cuanto había ido aumentado la misma de intereses día por día; además de enterar y cobrarle la deuda de Rigoberto a su arrendadora (dado que Rigoberto no tiene casa propia y vive en una casa rentada), le dijeron a la arrendadora que podía perder su casa y que se la iban a embargar si Rigoberto no pagaba.
Esto último por supuesto que es jurídicamente imposible, sin embargo, fue suficiente para asustar a la arrendadora, quien para evitar problemas le pidió a Rigoberto la desocupación inmediata.
¡Tal hostigamiento le cuesta la estabilidad no sólo económica, sino emocional a cualquiera! y le impide por supuesto pagar. Pero las cosas no quedaron ahí, fueron subiendo de tono al grado de que un día, -según me lo relataron- cobradores de la financiera se presentaron en la casa de Pedro (abuelo y aval de Rigoberto) y le dijeron que tenía que acompañarlos a las oficinas de la financiera y ahí (a dicho del afectado) lo tuvieron durante horas, me refiere que le decían que tenía que esperar ahí hasta que llegaron los abogados para que firmara unos papeles.
Ese día fue un viernes, yo estaba en el horario de comida cuando recibí la llamada de una líderesa de Totutla que es mi amiga, y que recurre al Barzón siempre que sabe de algún caso “urgente y desesperado”, me dijo que los de la financiera tenían a Pedro y que se negaban a dejarlo ir. Entonces llamé por teléfono a la instancia correspondiente para hacer de conocimiento estos hechos, supe que hubo una intervención favorable de parte de la misma, y más tarde confirmé por voz de los familiares que habían dejado libre a Pedro.
Tengo conocimiento que Rigoberto y Pedro interpusieron la denuncia de hechos ante la fiscalía competente y que ya se inició la investigación correspondiente. Pues aparte de que la financiera violentó las disposiciones aplicables a entidades financieras en materia de despachos de cobranza que prohíben las malas prácticas y establecen condiciones claras para que poder gestionar la cobranza, es muy probable que la autoridad determinará que se cometió delito en agravio de Pedro como lo dice el artículo 173 Bis del Código Penal para el estado de Veracruz cuyo texto es el siguiente: “Al que, con la intención de requerir el pago de una deuda, utilice medios ilegítimos, se valga del engaño o efectúe actos de hostigamiento o intimidación en contra del deudor, de quien funja como aval de éste o de quien haya servido como referencia, se le impondrá prisión de seis meses a dos años y una multa de ciento cincuenta a trescientos días de salario mínimo, además de las sanciones que correspondan si, para tal efecto, se emplearon documentos o sellos falsos o se usurparon funciones públicas o de profesión”.

Disposición legal que tiene como finalidad sancionar la cobranza ilegítima. Me conforta que Rigoberto haya dejado de lado el miedo, y esté tomando acciones legales para que la financiera sea sancionada tanto en la vía penal como en lo que compete a la Condusef; a pesar de la llamada de advertencia que le hizo la financiera de no denunciar “para no complicar su situación”.

A Rigoberto le costó trabajo entender que estaban siendo víctimas de cobranza abusiva e ilegítima. Él decía –y pensaba- que al deber y no poder pagar podían hacerle prácticamente lo que quisieran, y esto es lo más común en los deudores, ven atropellados sus derechos y pierden la dignidad permitiendo que cualquiera atenta contra sus derechos humanos.

De que sirven las instituciones y las disposiciones legales, si no recurrimos a ellas en defensa de nuestros derechos. En el Barzón RC hemos aprendido que ser deudores insolventes no nos convierte en delincuentes (como cada ocho días nos recuerda nuestra compañera Dolores González mejor conocida como Lolita), que no debemos tener miedo, y que debemos luchar siempre por rescatar nuestra dignidad, no permitir atropellos por parte de los cobradores, procurarnos una defensa justa, y que esto, es siempre el primer paso, para alcanzar el ideal de todo barzonista que es: pagar lo justo.



Contacto elbarzonrc@yahoo.com.mx, @terecarbajal


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