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Jueves 19 de enero de 2017
Elena Garro: Entre la memoria histórica y el reconocimiento literario

Actualizado: 2016-12-11
ELENA GARRO: ENTRE LA MEMORIA HISTÓRICA
Y EL RECONOCIMIENTO LITERARIO

Adán Cabral Sanguino

Aunque el crítico literario Geney Beltrán Félix recomienda desbiografizar a Elena Garro (1916-1998) y aproximarnos a ella como la escritora que recordamos, y no como la activista o pensadora política que fue, ni como la amiga o exesposa de alguien en particular, difiero de dicho consejo, ya que, por los alcances del crimen de Estado consumado en Tlatelolco, no se puede minimizar el hecho de que Garro fue una delatora del movimiento estudiantil de 1968, de acuerdo con los expedientes de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad, a cargo de Fernando Gutiérrez Barrios, y de la CIA, los cuales son retomados en el libro El asesinato de Elena Garro. Periodismo a través de una perspectiva biográfica (Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2016), preparado por la investigadora Patricia Rosas Lopátegui.

Si bien, Geney Beltrán Félix, autor de una reciente antología de Elena Garro, considera que los escritores deben ser juzgados por sus libros, lo cual no implica que dejemos de leer políticamente a la mencionada escritora poblana, ya que, al final, su obra contiene una imagen penetrante, aguda e incómoda de la historia nacional, no debemos olvidar que, desde la sociocrítica, la literatura como realidad, fenómeno o institución colectiva, relaciona las obras literarias y sus creadores con la sociedad y el momento histórico en que nacen, así como la orientación política que las inspira. Por eso, se dice que cada época tiene sus escritores y que el arte trasciende, pero la crónica no olvida la congruencia entre el autor, como persona de carne y hueso, y su legado. Como ejemplo, pongo en el tintero a Miguel de Cervantes Saavedra y sor Juana Inés de la Cruz, de cuyas vidas se habló mucho en este 2016 que está por finalizar. No es casualidad que Elena Poniatowska, en su artículo “Elena Garro y su amor por los campesinos”, revele: «A raíz del 68, Elena y yo ya no estuvimos del mismo lado».

Insisto: como escritora, Elena Garro, tiene su lugar en la historia de la literatura mexicana, pero, en el plano personal -la otra cara de la moneda-, debido a las consecuencias políticas y sociales que sus acciones tuvieron, es necesaria una revisión biográfica que las explique y reivindique. Christopher Domínguez Michael (2016) es contundente en su artículo “Las mentiras sobre Elena Garro”: «No se equivoquen, señoras y señores. La muy talentosa Elena Garro no fue nuestra Simone de Beauvoir. Fue nuestro Céline», en relación a su vida al lado de Octavio Paz, la separación de ambos y los sucesos de 1968.

Todos los escritores tienen sus demonios y sus pecados; todos tenemos secretos y todos seremos juzgados por la historia. Pero, en definitiva, son nuestras acciones las que nos definen, incluyendo, por supuesto, nuestra naturaleza humana, esencia inevitable del oficio del escritor.


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