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Domingo 25 de junio de 2017
Cervantes, el hombre

Actualizado: 2016-04-24


CERVANTES, EL HOMBRE

Por Adán Cabral Sanguino

Dado que la obra de Miguel de Cervantes Saavedra ha sido analizada de manera exhaustiva por la crítica literaria, en especial,El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, su célebre novela comentada por muchos y leída por pocos, en esta ocasión trataré de revisar la vida de este insigne personaje desde una perspectiva biográfica y resignificando ciertas discusiones actuales que ponen en entredicho algunos aspectos de su vida que se habían dado por confirmados.
De acuerdo con la crónica oficial, Cervantes nació el 29 de septiembre de 1547 en Alcalá de Henares, Madrid, en el seno de una familia de clase media acomodada. Sin embargo, recientemente, en España se ha desatado una polémica al respecto desde que el investigador César Brandariz (2011)afirmó en el diario ABC que el autor de Novelas ejemplaresno nació en Alcalá de Henares, sino en Sanabria, comarca limítrofe con Galicia, León y Portugal.
El filólogo afirma que un siglo y cuarto después del fallecimiento del novelista se desconocía su origen. Cuando el primer ministro inglésJohn Carteret quiere hacer un regalo a la reina Carolina de Inglaterra, aficionada a los libros de caballerías, y manda traducir "El Quixote", se encuentra con que no tiene información del autor.Entonces, la pide al rey de España, quien encarga al erudito Gregorio Mayáns y Siscar, investigar sobre la vida de Cervantes. Durante la indagación, el lingüista deduce, por unos versos mal traducidos de El viaje del Parnaso (1614), que el “Manco de Lepanto” era oriundo de Madrid.
¿Y por qué de Alcalá de Henares? Porque el benedictino Fray Martín Sarmiento dice en "Topografía e Historia general de Argel" que hay, entre los cautivos, un Miguel de Cervantes, hidalgo principal de Alcalá, lo cual, según César Brandariz, es un error, porque Cervantes ni siquiera tenía tratamiento de don y sus parientes lejanos eran de Alcalá. Se pide al párroco de esta ciudad que se busque la inscripción de bautismo y encuentran un bautizado en 1547, hijo de Rodrigo y Leonor. Más de cien años después, al hacer la copia manuscrita, se le añadió el nombre al margen: Miguel. En 1738 se publicó dicha edición de lujo en Londres con la primera biografía del novelista, tan contrarrestada hoy por el municipio de Sanabria. En tanto, especialistas como Francisco Rico insisten en determinar a la mencionada comunidad complutense como cuna del “Príncipe de los Ingenios”.
En cuanto a los restos del creador de La Galatea, Francisco Etxeberria, director del equipo de investigación de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, no garantizó por completo que los restos hallados en marzo de 2015, en la iglesia de San Ildefonso del convento de las Trinitarias de Madrid, fueran de Cervantes, por carecer de elementos de cotejo como el ADN, aunque admitió que no hay discrepancia alguna en torno a la localización de los huesos con georadar, termografía y modelado láser en 3D. No obstante, el 11 de junio de ese mismo año, la alcaldesa madrileña, Ana Botella, cerró su mandato erigiendo el sepulcro oficial.
Ante ese contexto, no es de extrañar que la Real Academia Española y el Instituto Cervantes criticaran los retrasos en los anuncios de los homenajes a Cervantes, a pesar de contar con un elevado presupuesto para ello y una investigación inconclusa de sus restos.
Otro aspecto interesante de la vida de Cervantes es su espíritu aventurero, el cual lo llevó a incorporarse en el ejército hasta que el 7 de octubre de 1571 resultó herido y perdió el movimiento del brazo izquierdoen la heroica batalla de Lepanto, donde cristianos y musulmanes se enfrentaron por el dominiodel Mediterráneo.Estrictamente hablando, no quedó manco, sino tullido.En 1575 decide regresar a España. Parte de Nápoles con destino a Barcelona, pero poco antes de culminar la travesía, su galera es atacada por corsarios turcos. Es hecho prisionero, llevado a Argel y vendido como esclavo. Ahí vivió en cautiverio durante cinco años. Ya en España, fue arrestado nuevamente diez años después, cuando trabajaba como recaudador de impuestos, por supuesto robo al erario. Sin duda, todas estas lamentables experiencias marcaron su vida y obra para siempre.
Desde una cárcel de Sevilla, en 1598 comenzó a escribir El Quijote cuando tenía más de 50 años. En plena madurez y decepcionado del mundo.
En cuanto a su aspecto físico, sabemos que Cervantes fue retratado en su tiempo por el pintor Juan de Jáuregui. Sin embargo, todo indica que dicho retrato desapareció, luego entonces, la imagen que conocemos de Cervantes es inventada: no hay imágenes del hombre, solamente del personaje y del mito. Recordemos que la única alusión a éste se encuentra en la autodescripción que el “Príncipe de los Ingenios” colocó al principio de sus Novelas ejemplares, publicadas en 1613, cuando Cervantes tenía ya 66 años. Dicho texto lo describe como un hombre “de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena, algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies”.
Asimismo, por una carta de Lope de Vega sabemos también que Cervantes usaba anteojos (gafas de pinza) para leer, un instrumento entonces tan caro que, habiéndosele roto los cristales, no quiso repararlos.
En cuanto al contexto que le forjó el temple ante la vida, en la referida autodescripción puntualiza que “[…] Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria”.
He aquí una breve semblanza de Miguel de Cervantes Saavedra, un hombre que según Carlos Fuentes, con El Quijote, también nos enseñó a leer de nuevo de manera crítica. Por eso resulta interesante que él, un soldado, con su obra cumbre, se propusiera destruir los libros de caballería después de la amplia difusión que tuvieron éstos en el siglo XVI. En la época de Cervantes se consideraban banales, por lo que el “Príncipe de los Ingenios” parodia este género mediante lo grotesco y lo absurdo; la comicidad visual (a pesar de que sus obras teatrales no trascendieron); la imposibilidad de ser otro; las pasiones humanas al descubierto mediante personajes contrastantes y complementarios, y la evidente insatisfacción ante el mundo.
De hecho, la novela de El Quijote no fue valorada debidamente en su época. Tuvo que llegar un inglés, Henry Fielding, en el siglo XVIII, a reivindicar la obra cervantina como digna de ser reconocida como novela moderna y como modelo de sátira seria y moral.
Y hay quienes han llegado a tener una lectura esotérica de una amplia simbología en la obra de Saavedra, pero no profundizaré en ello. Prefiero resaltar esa aparente demencia del Quijote que va de la locura a la cordura y viceversa; la condición humana contada por un soñador y los contrastes en la biografía de Cervantes y la vida del Quijote, aunque hoy se recuerda más a Alonso Quijano que al autor. Lo cierto es que en el IV aniversario luctuoso del “Manco de Lepanto”, su obra ha trascendido el tiempo y el espacio en un mundo moderno lleno de molinos de viento y donde todos somos quijotes de nuestro propio destino. Y es de elogiar que los decesos de Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega, supuestamente todos el 23 de abril de 1616, sean el motivo principal para que la UNESCO creara en esta fecha el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor. Celebremos precisamente leyendo y revisitando la obra de estos genios de la literatura mientras don Quijote y Sancho Panza cabalgan en lo más profundo del alma humana.


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